Durante la madrugada de este jueves, el presidente de Chile, Gabriel Boric, se pronunció con firmeza sobre los incidentes violentos ocurridos en el estadio Libertadores de América-Ricardo Enrique Bochini, en Avellaneda, durante el cruce entre Universidad de Chile e Independiente por los octavos de final de la Copa Sudamericana.
En un mensaje difundido a través de la red social X (ex Twitter), Boric calificó la situación como “mal en demasiados sentidos”, señalando tanto la violencia protagonizada por las barras como la “evidente irresponsabilidad en la organización” del evento deportivo. El mandatario expresó además que será la Justicia la encargada de identificar y sancionar a los responsables.
El presidente chileno manifestó que su principal preocupación es la integridad de los ciudadanos chilenos que resultaron agredidos, así como de aquellos detenidos durante los disturbios. En ese marco, garantizó que su Gobierno está trabajando activamente para asegurar atención médica a los heridos y el respeto de los derechos procesales de los arrestados.
“Nada justifica un linchamiento. Nada”, enfatizó Boric en su mensaje, en un claro rechazo a los episodios de violencia física que se viralizaron en redes sociales. También informó que el embajador de Chile en Argentina, José Antonio Viera Gallo, fue instruido para asistir personalmente a la comisaría donde se encuentran los detenidos y al hospital que alberga a los heridos.
El partido, que transcurría con un empate parcial de 1-1, fue interrumpido en el entretiempo por disturbios en la tribuna asignada a los simpatizantes de la U de Chile. Según reportes televisivos, desde ese sector se arrojaron butacas hacia la parcialidad local, lo que derivó en la intervención de la policía con orden de desalojo.
Aunque el encuentro se reanudó brevemente, fue detenido nuevamente apenas dos minutos después, cuando hinchas del club argentino invadieron el campo de juego y se registró al menos un herido. En ese punto, el árbitro convocó a los capitanes de ambos equipos y al jefe de seguridad para evaluar la continuidad.
Los incidentes escalaron con el lanzamiento de una bomba de estruendo desde la tribuna visitante, mientras un grupo de hinchas locales era reubicado por razones de seguridad. Desde el sistema de sonido del estadio, se ordenó el desalojo total del sector ocupado por la hinchada de Universidad de Chile, bajo amenaza de sanciones disciplinarias.
Los jugadores de ambos equipos se retiraron a los vestuarios, y el juego quedó en pausa durante al menos 20 minutos mientras se intentaba vaciar la grada conflictiva. Sin embargo, no todos los hinchas acataron la orden y algunos continuaron con actos violentos.
La situación se tornó aún más crítica cuando integrantes de una facción disidente de la barra brava de Independiente accedieron a la tribuna visitante, lo que desató nuevos enfrentamientos. Relatos de medios deportivos describieron el escenario como un “caos total”.
Finalmente, el árbitro determinó la suspensión definitiva del encuentro, ante la imposibilidad de garantizar condiciones mínimas de seguridad. La decisión fue respaldada por los planteles de ambos equipos y por las autoridades presentes en el estadio.
Hasta el momento, no se ha brindado información oficial sobre la cantidad de personas heridas ni sobre la gravedad de las lesiones. Tampoco se precisó el número exacto de detenidos ni sus identidades. Desde el entorno de la CONMEBOL y de la Justicia argentina se espera una rápida intervención para definir responsabilidades.


