El solemne traslado del féretro del papa Francisco a la Plaza de San Pedro

Miles de fieles y decenas de líderes mundiales rindieron homenaje al papa Francisco en un funeral cargado de simbolismo y tradición. El cortejo recorrió las calles de Roma en un gesto sin precedentes.

El funeral del papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano de la historia, comenzó este sábado por la mañana en una ceremonia solemne en la Plaza de San Pedro, ante la mirada de miles de fieles y numerosos líderes mundiales.

La jornada inició con el traslado del féretro de Francisco desde el interior de la Basílica de San Pedro hasta la explanada exterior, mientras las campanas resonaban y una multitud aguardaba en respetuoso silencio. El ataúd, sencillo y de madera clara, fue portado en andas por miembros de la Guardia Suiza Pontificia y la Gendarmería Vaticana.

Vestidos con ornamentos litúrgicos, altos representantes eclesiásticos acompañaron el cortejo que avanzó a paso lento entre rezos, lágrimas y gestos de recogimiento. Muchos fieles ondeaban banderas, otros capturaban el momento en sus teléfonos móviles, y algunos simplemente se mantenían en oración.

La ceremonia, cuidadosamente planeada, se extendió más allá de los límites tradicionales. Por primera vez en la historia reciente, un pontífice sería llevado en procesión a lo largo de seis kilómetros por el corazón de Roma, desde el Vaticano hasta la Basílica de Santa María la Mayor.

El funeral del papa Francisco. Foto: (Tiziana FABI/AFP)

El Vaticano informó que Francisco fue trasladado en un vehículo especial que permitiría a los fieles ver su féretro durante todo el trayecto, saliendo a través de la Puerta del Perugino y evitando cruzar nuevamente la Plaza de San Pedro.

La ruta, que evoca el trazado de la antigua Vía Papalis, rescata una tradición que data de los primeros tiempos de la Iglesia y atraviesa escenarios emblemáticos como el Coliseo y los Foros Imperiales, lugares profundamente vinculados a la historia de Roma.

La Agencia de Protección Civil de Italia estimó la presencia de varios cientos de miles de personas, reflejo del impacto global del pontificado de Francisco y de la huella que dejó en millones alrededor del mundo.

Tras la misa fúnebre, la procesión avanzó por la galería Príncipe Amadeo de Saboya, continuó por el Corso Vittorio Emmanuele y alcanzó la Plaza Venezia, para luego dirigirse hacia la Via Labicana y la Via Merulana, en dirección a la Basílica de Santa María la Mayor.

Un cortejo discreto de automóviles escoltó el vehículo principal, que trasladaba el féretro, mientras el tráfico fue restringido para preservar el carácter solemne del momento. La ciudad de Roma acompañó el duelo desplegando pantallas gigantes para que los asistentes pudieran seguir el funeral en tiempo real.

La tumba de Francisco, ubicada en Santa María la Mayor, quedó abierta al público tras el entierro, ofreciendo la posibilidad de un último adiós a todos aquellos que quisieran acercarse.

En un gesto profundamente simbólico, cuarenta personas —entre ellas indigentes, víctimas de trata, personas transgénero y presos con permiso especial— esperaban al pontífice para rendirle homenaje, cada uno con una rosa blanca en la mano.