El Gobierno de Argentina acelera la licitación de cuatro represas ante el interés del mercado

El Gobierno de Argentina avanza en la privatización de cuatro represas hidroeléctricas que representan el 10% de la electricidad del país. El proceso licitatorio, que comenzará el 7 de mayo, promete atraer tanto a operadores locales como internacionales. Sin embargo, surgen dudas sobre las condiciones de la licitación y su impacto en la inversión extranjera.

El 7 de mayo se pondrá en marcha un proceso clave para el futuro energético de Argentina. Ese día, el Gobierno nacional dará a conocer los pliegos para la licitación de las concesiones de cuatro represas hidroeléctricas, que producen aproximadamente el 10% de la electricidad del país. Este paso, que llega tras una serie de postergaciones, marca el inicio de un proceso hacia la privatización de estas instalaciones clave en el sector energético argentino.

Este proceso es de particular interés, ya que, con el vencimiento de las concesiones en agosto de 2023 y su posterior prórroga, se abre una oportunidad de revalorización y atracción de inversión en el sector energético. Las represas involucradas en este proceso son Piedra del Águila, Alicurá, Chocón-Arroyito y Planicia Banderita, situadas en las provincias de Neuquén y Río Negro. El 7 de mayo también se cumple el plazo para que estas provincias analizan los borradores del concurso público, un punto clave antes de que se concrete la licitación.

En los últimos meses, el Gobierno de Javier Milei ha puesto el foco en generar condiciones para atraer inversión extranjera, y este proceso privatizador podría ser una pieza clave en ese esfuerzo. Se espera que participen empresas nacionales que ya operan en el país, como AES, Central Puerto, Enel y Aconcagua Energía Generación, junto con grandes jugadores internacionales. Entre los nombres que suenan para participar en la licitación se mencionan actores como YPF Luz, Pampa Energía, Genneia, MSU Energía y la petrolera Total Energies, así como consorcios chinos interesados en invertir en el mercado hidroeléctrico argentino.

El potencial interés por parte de estos inversores, tanto nacionales como internacionales, podría generar un flujo significativo de dólares al país. Sin embargo, las condiciones de la licitación están siendo cuidadosamente observadas. Según fuentes del sector, algunos aspectos de los borradores podrían no ser del todo atractivos para los inversionistas extranjeros, lo que genera incertidumbre sobre el nivel de participación que podría haber en el proceso.

La represa Alicurá, una de las que el Gobierno aspira a privatizar. (Foto: ORSEP)

Uno de los puntos más discutidos es el modelo de precio para la energía. El Gobierno establecería un precio fijo para la mayor parte de la energía generada, limitando la cantidad que las concesionarias podrán negociar en el mercado libre. Solo un 5% de la energía generada podría ser vendida al precio de mercado, y ese porcentaje iría aumentando gradualmente a lo largo de los primeros años del contrato, hasta llegar a la mitad en el año 11 de la concesión. El precio de la energía regulada, estimado en unos US$14 por Mwh, está muy por debajo del costo promedio de generación, que actualmente ronda los US$70 por Mwh.

Además, el mecanismo de actualización de este precio estaría vinculado al dólar, en lugar de ajustarse a la inflación estadounidense, lo que podría resultar en un desafío para las empresas concesionarias en el largo plazo, ya que la duración de las concesiones podría ser de hasta 20 años. Estos puntos están generando preocupación en el sector, donde se teme que las condiciones de la licitación no sean lo suficientemente competitivas en comparación con los estándares internacionales.

El proceso de privatización, que involucra a empresas como Enarsa y Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA), tiene como objetivo transformar a las represas del Comahue en sociedades privadas, lo que se materializará mediante la licitación de sus concesiones. El Gobierno espera que este paso no solo resuelva el problema de las concesiones vencidas, sino que también atraiga la inversión necesaria para seguir desarrollando la infraestructura energética del país.

Sin embargo, la incertidumbre sobre las condiciones de la licitación y los posibles impactos sobre la inversión extranjera siguen siendo una preocupación para el sector. Si bien algunos actores locales ya están posicionándose para participar, la clave estará en cómo el Gobierno ajusta los términos de la licitación para equilibrar el interés de los inversores extranjeros con los objetivos económicos nacionales.

El futuro de las hidroeléctricas del Comahue, y de la energía en Argentina en general, depende en gran medida de las condiciones de esta licitación. Si las condiciones resultan demasiado restrictivas para los inversionistas, Argentina podría perder la oportunidad de maximizar el interés por parte de actores internacionales y podría quedar dependiente de los operadores locales, que tal vez no cuenten con los recursos necesarios para impulsar el sector a su máximo potencial.

Por ahora, la fecha clave es el 7 de mayo, cuando se revelarán los detalles de la licitación que marcarán el rumbo del sector energético en los próximos años. Se espera que, con el tiempo, el proceso se convierta en un referente sobre cómo se deben manejar las privatizaciones de infraestructura crítica en un contexto económico desafiante.