El conflicto entre Tailandia y Camboya continúa escalando, registrando al menos 22 muertes hasta este jueves: nueve militares y tres civiles en territorio tailandés, y diez civiles según las autoridades camboyanas, que no han reportado bajas militares oficiales.
Surasant Kongsiri, portavoz del Ministerio de Defensa de Tailandia, indicó que más de 120 personas han resultado heridas, mientras se mantiene la incertidumbre sobre las bajas militares en Camboya.
Neth Pheaktra, ministro de Información de Camboya, informó únicamente sobre las víctimas civiles, sin ofrecer datos de militares, aunque medios locales estiman que también se registraron pérdidas en las fuerzas armadas de su país.
La tensión persiste en la región fronteriza de aproximadamente 820 kilómetros, delimitada históricamente en 1907 durante la administración francesa, cuando Camboya formaba parte de la Indochina francesa.
La escalada actual ha reactivado las expectativas de mediación internacional. El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció su disposición a intervenir para buscar un alto al fuego, tal como lo hizo durante la última ola de violencia en julio.
Trump declaró que planea comunicarse con los líderes tailandés Anutin Charnvirakul y camboyano Hun Manet, con el objetivo de reducir las hostilidades que marcan el punto más crítico del conflicto en años recientes.
La violencia de julio dejó cerca de 50 muertos en cinco días, un episodio que fue contenido mediante un alto el fuego negociado en Malasia, con Estados Unidos como mediador principal. Un acuerdo posterior, reforzado en octubre, buscó consolidar la paz temporal en la región.
Este jueves, cientos de familias desplazadas amanecieron en refugios temporales, como el edificio universitario en Surin, noreste de Tailandia. Entre ellas, Rat, una agricultora de 61 años, relató su preocupación por no poder retomar la siembra de yuca debido a la violencia.
El reciente brote de enfrentamientos incluye operaciones aéreas, terrestres y navales, y ha obligado a más de 590.000 personas a abandonar sus hogares: aproximadamente 400.000 en Tailandia y 190.000 en Camboya, generando una crisis humanitaria regional.
La Unesco emitió un llamado a proteger el patrimonio cultural de la zona, que alberga templos históricos incluidos en la lista de Patrimonio Mundial. La organización recordó que estos lugares son vulnerables durante los combates.
El organismo destacó que conflictos similares entre 2008 y 2011 ya habían provocado muertes y desplazamientos, especialmente alrededor de templos fronterizos con siglos de antigüedad, subrayando la necesidad de preservar tanto la vida humana como la herencia cultural.
La situación sigue siendo crítica, con gobiernos locales y autoridades internacionales evaluando medidas urgentes para estabilizar la región, proteger a los civiles y garantizar que los enfrentamientos no destruyan el patrimonio histórico ni profundicen la crisis humanitaria.


