El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil devolvió la carta enviada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la que anunciaba la imposición de un arancel del 50% a las importaciones brasileñas. La decisión fue tomada tras considerar que el contenido del documento era ofensivo y contenía errores graves sobre la relación bilateral entre ambos países.
Fuentes oficiales confirmaron a la agencia EFE que el gobierno brasileño consideró inaceptable el tono y las afirmaciones contenidas en la carta. Entre los motivos del rechazo se destacan las acusaciones infundadas de Trump sobre el sistema judicial brasileño y una supuesta persecución contra su aliado, el expresidente Jair Bolsonaro.
La devolución de la carta fue comunicada formalmente al encargado de negocios de la embajada estadounidense en Brasilia, Gabriel Escobar, quien fue convocado por segunda vez en menos de una semana al Palacio de Itamaraty. La reunión estuvo encabezada por Maria Luisa Escorel, secretaria para Norteamérica del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Durante el encuentro, Escorel solicitó confirmar la autenticidad del documento, y una vez ratificada, informó al diplomático que Brasil lo rechazaba de forma oficial. “La carta fue devuelta por su tono ofensivo y por contener falsedades sobre Brasil, además de errores fácticos respecto de la relación comercial bilateral”, indicaron fuentes diplomáticas.
El documento, divulgado públicamente por Trump antes de llegar oficialmente al despacho del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, fue interpretado en Brasil como una maniobra política con motivaciones electorales. En la misiva, Trump acusa al Supremo Tribunal Federal de actuar con parcialidad y justificar el arancel con una supuesta desventaja comercial para EE.UU.
La Presidencia de Brasil refutó estas afirmaciones con cifras oficiales. A través de un comunicado, señaló que “las propias estadísticas del Gobierno de Estados Unidos demuestran un superávit de ese país con Brasil de unos 410.000 millones de dólares en comercio de bienes y servicios durante los últimos 15 años”.
Ese mismo día, Escobar fue nuevamente convocado por el Itamaraty, esta vez por una nota difundida por la embajada estadounidense en defensa de Bolsonaro, quien enfrenta procesos judiciales por su presunta participación en un intento de golpe de Estado. Para el gobierno brasileño, esa comunicación constituye una injerencia inaceptable en asuntos internos.
El presidente Lula fue contundente en su respuesta. Afirmó que Brasil no aceptará presiones externas ni “tutelas de ningún país”, y advirtió que su gobierno adoptará contramedidas si se concreta el arancel del 50 %. También criticó el hecho de que una carta diplomática fuera divulgada unilateralmente antes de llegar a su destinatario oficial.
Desde el sector empresarial, la reacción tampoco se hizo esperar. La Confederación Nacional de la Industria (CNI) manifestó su “preocupación” y calificó la medida como sorpresiva e injustificada. En un comunicado, instó a ambos gobiernos a mantener el diálogo para evitar una escalada comercial perjudicial.
El presidente de la CNI, Ricardo Alban, advirtió que un arancel de esa magnitud afectaría directamente a unas 10.000 empresas brasileñas que exportan a EE.UU. “Una ruptura de esta relación causaría un daño significativo a nuestra economía”, afirmó.
Según la CNI, no existe ningún argumento económico válido que justifique la medida. Destacaron que el superávit de Estados Unidos con Brasil en bienes alcanzó los 91.600 millones de dólares entre 2014 y 2024, y se eleva a 256.900 millones si se incluyen los servicios.
Estados Unidos es el tercer socio comercial de Brasil y el principal destino de sus exportaciones industriales. La decisión de Trump —aún sin carácter oficial desde el actual gobierno estadounidense— genera incertidumbre y abre un nuevo capítulo de tensión entre dos de las mayores economías del continente.


