Las temperaturas extremas que azotan España no son un fenómeno aislado. La ola de calor se ha extendido por gran parte de Europa, afectando especialmente a regiones poco habituadas a climas tan severos. Mientras que los termómetros alcanzan los 41 °C en zonas de Francia, incendios forestales en Turquía han obligado a evacuar a más de 50.000 personas.
Este fenómeno, que ha marcado récords históricos de temperatura en junio y amenaza con hacerlo nuevamente en julio, ha sido calificado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) como una señal clara de la intensificación de eventos climáticos extremos vinculados al cambio climático provocado por el ser humano.
En el Reino Unido, donde el aire acondicionado es una rareza, Londres se prepara para enfrentar hasta 35 grados. La Oficina Meteorológica registró 33,6 °C en Frittenden, y junio ya figura como el mes más caluroso en Inglaterra desde que se tiene registro, solo por debajo del 2023. Las autoridades han emitido alertas sanitarias y advierten de interrupciones en servicios esenciales como el transporte y la atención médica.
Francia vive una situación crítica. Dieciséis departamentos están en alerta roja y otros 68 en naranja. Las temperaturas han superado los 40 grados en algunas regiones, donde el calor nocturno no baja de los 24 °C. El gobierno activó un gabinete de crisis ante lo que calificó como una ola de calor “nunca vista”, con impacto directo en la salud pública.
La precariedad de la infraestructura francesa frente al calor ha quedado expuesta: solo el 25% de los hogares tiene aire acondicionado, y apenas el 7% de las escuelas están adaptadas. El martes se cerraron más de 1.300 centros educativos. El contexto económico y las preocupaciones ecológicas también han frenado la instalación de sistemas de refrigeración.

Italia enfrenta su propio colapso térmico, con temperaturas por encima de los 35 °C en todo el país. Una veintena de ciudades están bajo alerta roja. Algunas regiones, como Sicilia o Campania, han ordenado detener el trabajo al aire libre durante las horas más peligrosas del día. En Bolonia, un trabajador falleció tras sufrir un golpe de calor en plena obra.
El impacto en la salud ya se siente: la Sociedad Italiana de Medicina de Urgencias reporta un aumento del 5% al 20% en llamadas a los servicios de emergencia. Las autoridades esperan un leve descenso de las temperaturas el fin de semana, aunque el pronóstico a largo plazo sigue siendo preocupante.
En Alemania, aunque las olas de calor ya no son una novedad, el país continúa sin estar adecuadamente preparado. Las temperaturas pueden alcanzar los 40 °C esta semana, y muchas viviendas, escuelas y medios de transporte no cuentan con sistemas de ventilación. Ciudades como Berlín, Hamburgo y Colonia registran máximas por encima de los 35 grados.
Para mitigar el impacto, algunas ciudades han implementado “espacios frescos” en museos, bibliotecas y edificios públicos, donde los ciudadanos pueden resguardarse del calor. Además, los municipios han publicado mapas con zonas verdes, dispensadores de agua y piscinas para ayudar a la población a enfrentar las altas temperaturas.
En Turquía, el calor ha desencadenado una crisis ambiental y humanitaria. Más de 50.000 personas han sido evacuadas en la región del Egeo, especialmente en Seferihisar, donde los incendios han consumido más de 10.000 hectáreas. La falta de lluvias agrava aún más la situación, en una temporada ya por encima de la media histórica de calor.
Según la agencia estatal Anadolu, una docena de incendios siguen activos en la costa oeste y sur del país, aunque muchos están parcialmente controlados. El gobierno turco enfrenta la presión de responder no solo al fuego, sino también a la creciente percepción de que no existen políticas climáticas eficaces para prevenir futuras catástrofes.


