Buenos Aires vuelve a ser sede de un encuentro crucial para el Mercosur, que entre hoy y mañana celebra su cumbre semestral. El evento, que tendrá lugar en el histórico Palacio San Martín, sede de la Cancillería argentina, reúne a representantes de los países miembros y asociados en un momento de notable inestabilidad comercial a nivel global.
El principal acto institucional será el traspaso de la presidencia semestral del bloque, actualmente en manos de Argentina, a Brasil. El presidente argentino Javier Milei entregará el mando rotativo a su par brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, en un gesto simbólico que también refleja los desafíos políticos y económicos compartidos por ambos países.
La agenda de la cumbre está claramente centrada en el comercio, un eje que ha dominado las discusiones del bloque durante el primer semestre del año. Las tensiones internacionales, como las medidas arancelarias del expresidente estadounidense Donald Trump y los recientes conflictos en Medio Oriente, han reforzado la necesidad de revisar y adaptar las políticas regionales.
Las reuniones previas entre cancilleres ya han marcado el rumbo, con dos encuentros en abril y mayo que permitieron consensuar un mecanismo de mayor flexibilidad arancelaria. La propuesta busca permitir a cada país una mayor capacidad de maniobra ante las fluctuaciones del comercio global, sin romper la lógica de unión aduanera del bloque.
En esta línea, se prevé la aprobación de una resolución clave, que amplía temporalmente las listas de productos sobre los que los Estados miembros pueden aplicar excepciones al arancel externo común. Aunque se trata de una medida acotada, representa una señal de apertura dentro de un bloque conocido por su rigidez normativa.
No obstante, propuestas más audaces como la de Argentina quedaron en el camino. En abril, el país impulsó una iniciativa para permitir que los socios negocien acuerdos comerciales de forma individual, sin necesidad de consenso regional. El planteo no prosperó, y el gobierno argentino optó por retirarlo ante la falta de respaldo.
A pesar de estos límites, la flexibilización aprobada brinda una herramienta útil, sobre todo para países con necesidades urgentes de acceder a nuevos mercados. Argentina, por ejemplo, podría utilizar este margen para avanzar en acuerdos recíprocos con Estados Unidos en un número acotado de bienes.
Otro punto relevante de la cumbre será el avance en acuerdos externos. El Mercosur ha intensificado las negociaciones con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), compuesta por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza. Las conversaciones están cerca de concluir y reflejan el renovado interés del bloque por diversificar sus vínculos comerciales.
El bloque también ha iniciado diálogos con actores no tradicionales, como Emiratos Árabes Unidos. El objetivo es cerrar un acuerdo antes de fin de año, ampliando el mapa de relaciones económicas del Mercosur más allá de sus socios históricos y tradicionales.
Además, se han recibido señales de interés por parte de India, Pakistán y Japón, lo que demuestra que, pese a las críticas sobre su lentitud, el Mercosur sigue siendo un actor atractivo en la escena comercial internacional. Estos acercamientos también presionan al bloque a modernizar su estructura para responder con mayor agilidad.


