El presidente de Estados Unidos Donald Trump ingresó al pleno de la Knesset cinco minutos antes de las 13:00, hora local, en medio de una ovación que se extendió por más de tres minutos. El clima, dentro y fuera del Parlamento israelí, fue de emoción y expectativa ante un discurso que marcó un punto de inflexión tras más de dos años de conflicto.
“Hoy los cielos están en calma, las armas callan, las sirenas se han apagado y el sol se alza sobre una tierra santa que por fin está en paz”, pronunció Trump ante los legisladores. Con esas palabras confirmó lo que pocos esperaban: el fin de la guerra en Gaza y la liberación de todos los rehenes con vida en poder de Hamás.
El presidente estadounidense, visiblemente emocionado, afirmó que el acuerdo alcanzado es el resultado de “una fe inquebrantable” y de su estilo de liderazgo, muchas veces criticado por su tono confrontativo. “Nadie pensó que lo lograríamos. Pero hoy podemos decirlo: los 20 rehenes están de regreso”, enfatizó.
Según Trump, su objetivo no fue solo recuperar a los secuestrados, sino garantizar que el pacto alcanzado sea sostenible. “Esto no es solo el final de una guerra; es el fin de una era de terror y el comienzo de una era de fe, esperanza y concordia. Este es el amanecer histórico de un nuevo Medio Oriente”, aseguró.
En un mensaje cargado de simbolismo, habló de una región “transformada”. “A medida que el polvo se asienta y el humo se disipa, surge un futuro más brillante. Las fuerzas del caos, el terror y la ruina que asolaron esta región durante décadas están ahora debilitadas y aisladas”, añadió.
Trump proclamó el nacimiento de “una coalición de naciones orgullosas y responsables” que buscarán consolidar la estabilidad regional. “Gracias a nosotros, los enemigos de la civilización están en retirada”, dijo, destacando el papel de Israel en la resistencia frente al extremismo.
También dedicó un mensaje especial al pueblo israelí: “Desde el 7 de octubre hasta hoy, Israel ha sido una nación en guerra. Ha soportado cargas que solo un pueblo orgulloso y fiel puede resistir. Pero ahora, por fin, la pesadilla ha terminado, no solo para los israelíes, sino también para los palestinos”.
El exmandatario adelantó que su próxima parada será Egipto, donde se reunirá con más de veinte líderes mundiales, entre ellos los jefes de Gobierno de Reino Unido, Italia, España y Francia. La cumbre de Sharm el Sheij buscará consolidar el acuerdo y definir los próximos pasos para garantizar una paz duradera.
Trump insistió en la necesidad de sumar más países árabes al proceso, tal como ocurrió con los Acuerdos de Abraham durante su primera presidencia. “Les voy a decir que nos encantaría que todos se unan”, comentó, aludiendo a la posibilidad de un bloque regional más amplio.
Durante su discurso, incluso se permitió una broma dirigida a Benjamin Netanyahu: “Ya no estás en guerra, podés ser más amable, Bibi”, le dijo entre risas, mirando al líder opositor Yair Lapid. El gesto fue interpretado como un llamado a la unidad política interna de Israel en una etapa que promete ser crucial.
Sin embargo, el acuerdo todavía enfrenta grandes desafíos. No contempla el desarme total de Hamás ni la retirada completa de las tropas israelíes de Gaza. Además, el grupo islámico aún no ha confirmado públicamente su disposición a renunciar a las armas. La comunidad internacional, en tanto, reclama avanzar hacia la reconstrucción del enclave y la creación de un Estado palestino viable.
Para Israel, el pacto ofrece un respiro diplomático y político tras meses de aislamiento, mientras que para Trump representa una victoria clave que podría redefinir su perfil internacional. La verdadera prueba comenzará en la cumbre de Egipto, donde se intentará sellar un plan integral que incluya seguridad, reconstrucción y gobernabilidad. Por ahora, Trump se anota su primer gran triunfo geopolítico: viajó al corazón de Medio Oriente, fue ovacionado y prometió transformar la oportunidad en historia.


