Un paseo en kayak y tabla de remo frente a la costa de Quindalup estuvo a punto de terminar en tragedia para la familia Appelbee. Fuertes vientos, olas intensas y la baja temperatura del agua arrastraron mar adentro a Joanne Appelbee y a sus tres hijos. Entonces, Austin, el mayor, tomó una decisión que sería clave para salvarles la vida.
El adolescente intentó primero buscar ayuda en un kayak inflable que comenzaba a inundarse. Al notar que no podría avanzar, se arrojó al agua, se quitó el chaleco salvavidas porque le dificultaba nadar y emprendió un trayecto de unos cuatro kilómetros hacia la costa. Nadó durante cerca de cuatro horas, concentrado en una sola idea: “Sigue nadando, sigue nadando”.
Austin llegó a la orilla alrededor de las 18:00, exhausto, y logró dar la alerta a los servicios de emergencia. Mientras tanto, su madre Joanne, de 47 años, y sus hermanos Beau (12) y Grace (8) permanecían aferrados a una tabla de paddle surf con chalecos salvavidas, a la deriva y cada vez más lejos de la costa.
Un helicóptero de rescate localizó a los tres a las 20:30, a unos 14 kilómetros de la costa, tras haber pasado cerca de diez horas en el agua. Según la policía, Beau había perdido sensibilidad en las piernas por el frío y todos temblaban cuando fueron rescatados.
El inspector James Bradley destacó que “la determinación y el coraje del joven no pueden elogiarse lo suficiente”. Joanne explicó que enviar a su hijo mayor a buscar ayuda fue “una de las decisiones más difíciles” de su vida, pero sabía que no podía abandonar a los otros dos niños.
Los cuatro fueron evaluados médicamente tras el rescate y ninguno necesitó hospitalización.
Fuente: AP.



