Tradicionalmente, se pensaba que el hielo actuaba como barrera, inmovilizando sustancias tóxicas. Un nuevo estudio de Umeå University desafía esa idea, mostrando que bajo ciertas condiciones el hielo rompe esa barrera.
La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), demuestra que el hielo a −10 °C puede disolver minerales de hierro más eficazmente que agua líquida a 4 °C.
Este hallazgo pone en evidencia que los ríos del Ártico que aparecen anaranjados no solo reflejan un cambio estético, sino una alteración geoquímica grave.
Los autores explican que, al congelarse y descongelarse, el hielo crea microcavidades con agua líquida muy ácida entre cristales de hielo, donde los compuestos reaccionan fuertemente con minerales como la goethita.
También se liberan ácidos orgánicos atrapados en el hielo, lo que potencia esas reacciones. La salinidad influye: aguas dulces y salobres amplifican la disolución; aguas muy saladas la inhiben.

Las temperaturas oscilantes intensifican estos ciclos. Con el calentamiento global, se espera que estos procesos sean más frecuentes y que el fenómeno se expanda.
El río Salmón, en la cordillera Brooks de Alaska, es uno de los ejemplos ya observados: aguas antes cristalinas ahora presentan turbidez y niveles de hierro que superan lo saludable para organismos acuáticos. (Juicio de valor: señal de alerta para biodiversidad y comunidades locales.)
Las implicancias ecológicas incluyen menor penetración de luz en el agua, afectación de larvas de insectos y alteraciones en cadena alimenticia.
Aunque no todos los ríos afectados son idénticos, las zonas árticas, montañosas y regiones con permafrost ácido parecen las más vulnerables.
Científicos involucrados advierten que no hay marcha atrás mientras continúe el deshielo global; no obstante, la magnitud del impacto dependerá de la mitigación del calentamiento.


