El 23 de marzo de 1999 quedó grabado en la memoria nacional como uno de los días más trágicos de la historia reciente del Paraguay. Aquel martes, sobre las calles Diagonal Molas y Venezuela, fue asesinado el entonces vicepresidente de la República, Luis María Argaña, junto con su escolta, Francisco Barrios González.
El atentado conmocionó al país y provocó una oleada de protestas ciudadanas que culminaron con la renuncia del presidente Raúl Cubas Grau. Los violentos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, conocidos como el “Marzo Paraguayo”, dejaron un saldo de ocho muertos y decenas de heridos.
Argaña, considerado por muchos el último gran caudillo del Partido Colorado, simbolizaba una corriente política tradicional que se oponía al ala liderada por el general Lino Oviedo. Su asesinato fue interpretado como el detonante de una fractura institucional que puso en jaque al gobierno y reconfiguró el panorama político nacional.
Por el crimen, la Justicia paraguaya condenó a tres hombres como autores materiales: Pablo Vera Esteche, Fidencio Vega y Luis Alberto Rojas. Este último recuperó su libertad este martes, tras cumplir una pena de 25 años en la Penitenciaría Unidad Industrial La Esperanza.
La noticia fue confirmada por medios locales y generó diversas reacciones en el ámbito político y judicial. Para la familia Argaña, el cierre de esta etapa representa el cumplimiento del proceso legal que siguió al magnicidio.
“Como abogado de la causa… misión cumplida”, expresó Jesús Argaña, hijo del exvicepresidente, en declaraciones a Radio Monumental 1080 AM. Subrayó que, pese al dolor que marcó a su familia, optaron siempre por respetar el camino judicial y las normas del Estado de Derecho.
“Nosotros conseguimos la pena máxima. Este señor compurgó”, señaló, al recordar que el proceso se desarrolló conforme a los límites legales establecidos en la Constitución paraguaya.
Jesús Argaña también reconoció que, en su momento, hubo deseos de “tomar otro tipo de acciones”, pero insistió en que prevaleció la convicción de mantenerse dentro del marco jurídico. “Con el derecho y siguiendo el lineamiento filosófico y jurídico, los Argaña nos mantuvimos dentro de lo que establece la estructura legal de la República”, agregó.
A 26 años del crimen, la figura de Luis María Argaña sigue siendo recordada como símbolo de una época convulsionada. La liberación de uno de sus asesinos reabre el debate sobre justicia, memoria y reconciliación en una sociedad que aún carga con las heridas del “Marzo Paraguayo”.


