El martes por la mañana, aproximadamente 150.000 personas se reunieron en el paseo marítimo de Beirut para asistir a la misa celebrada por el papa León XIV, considerada el momento central de su visita a la capital libanesa.
El pontífice llegó desde Turquía el domingo, trayendo consigo un mensaje de esperanza, especialmente dirigido a los jóvenes del Líbano, cuya confianza en el país se ha visto debilitada por años de crisis.
Durante su homilía, el papa describió al Líbano como una nación “ensombrecida por numerosos problemas”, incluyendo la inestabilidad política, la crisis económica y los conflictos que han reavivado temores antiguos entre la población.
“Debemos dejar de lado nuestras divisiones étnicas y políticas, abrir nuestras confesiones al encuentro y soñar con un Líbano unido, donde reine la paz y la justicia”, expresó el pontífice, llamando a la unidad nacional y al esfuerzo colectivo para recuperar la grandeza del país.
Al llegar a la misa, el papa se desplazó entre la multitud en su papamóvil, recibiendo rosas y saludos de los asistentes, entre los que se encontraban altos funcionarios, incluido el presidente Joseph Aoun.
Muchos participantes, como Samira Khoury, destacaron el impacto emocional de la visita: “El papa trae alegría y esperanza a nuestros corazones”, afirmó, mientras jóvenes y trabajadores migrantes de países como Filipinas y Sri Lanka también se unieron a la multitud.
Antes de la misa, el papa visitó el sitio de la explosión del puerto de Beirut de 2020, donde encendió una lámpara en memoria de los más de 220 fallecidos y los miles de heridos, dialogando con sobrevivientes y familiares de las víctimas.
Cecile Roukoz, abogada y hermana de una de las víctimas, señaló: “Agradecemos la visita del papa, que alza su voz por la justicia. Necesitamos que se rindan cuentas por lo ocurrido en el puerto”, recordando que hasta hoy nadie ha asumido responsabilidades por la tragedia.

El lunes, durante un encuentro interreligioso, el papa instó a los líderes cristianos y musulmanes a combatir la intolerancia y promover la paz, enfatizando la importancia de un compromiso real para detener la violencia en el país.
La primera parada del martes fue en un hospital psiquiátrico, donde fue recibido por pacientes y personal con aplausos y pétalos de rosa. El papa destacó la labor de quienes cuidan a los más vulnerables, afirmando que no se debe olvidar a los frágiles y marginados de la sociedad.
En Bkerke, sede del patriarcado maronita, unos 15.000 jóvenes dieron la bienvenida al pontífice, quien los animó a impulsar proyectos que renueven la vida del país y construyan un futuro esperanzador, pese a las dificultades económicas y sociales.
La visita del papa León XIV representa un símbolo de esperanza y unidad, recordando al Líbano que la paz y la justicia requieren del compromiso de todos, mientras la nación continúa enfrentando las secuelas de la explosión del puerto y una prolongada crisis económica.


