El acuerdo de alto el fuego alcanzado con Hezbollah, que permitirá una tregua de 60 días, representa un logro estratégico para el gobierno de Benjamin Netanyahu, al conseguir separar a Hezbollah de Hamas, dos actores cruciales en el conflicto con Israel. Esto le permitirá al gobierno israelí concentrarse en su principal objetivo: la guerra contra Hamas en Gaza y, por supuesto, contra su principal enemigo en la región, Irán.
Sin embargo, esta pacificación de la frontera norte ha venido acompañada de un efecto colateral: un aumento significativo de la presión sobre el gobierno israelí por parte de los familiares de los secuestrados que siguen en Gaza, incluidos ocho ciudadanos argentinos. Desde el 7 de octubre de 2023, un centenar de personas, entre ellas mujeres, niños y ancianos, permanecen cautivas en poder de Hamas, y sus familiares exigen un trato similar al que se acordó con Hezbollah para su liberación.
Ruth Chmiel, madre de dos de los rehenes, Iair y Eitan Horn, expresó su frustración, afirmando que hubiera preferido que se alcanzará primero un acuerdo sobre Gaza antes de centrarse en la tregua con Líbano. Esta declaración refleja el creciente sentimiento de desesperación entre los familiares que ven cómo la política exterior israelí avanza sin ofrecer respuestas sobre la situación de sus seres queridos.
La tarde del martes, decenas de personas se manifestaron en Tel Aviv exigiendo al gobierno israelí que priorice la liberación de los rehenes. En este contexto, muchos se preguntan si un acuerdo similar al alcanzado con Hezbollah podría ser posible en Gaza. A pesar de que a finales de noviembre de 2023 se alcanzó un breve acuerdo de alto el fuego que permitió la liberación de varios rehenes israelíes, la situación actual es mucho más compleja, ya que Hamas mantiene a los secuestrados como su principal carta para presionar a Israel.
El presidente saliente de los Estados Unidos, Joe Biden, ha manifestado su deseo de lograr un acuerdo que permita la liberación de los rehenes antes de que Donald Trump asuma la presidencia. Para ello, ha recurrido a Qatar y Egipto, los tradicionales mediadores en el conflicto, en busca de una solución. De hecho, una delegación egipcia llegó a Tel Aviv para intentar negociar una tregua y la liberación de los cautivos.
Sin embargo, las tensiones entre las partes son elevadas. Según Mkhaimar Abusada, analista palestino, no se han logrado avances sustanciales y no parece que se esté cerca de un acuerdo definitivo. Además, remarcó que las demandas de Hamas, como el cese total de las hostilidades y la retirada de las fuerzas israelíes de Gaza, parecen incompatibles con los objetivos de Netanyahu, quien insiste en la destrucción total de Hamas y el control permanente de varias zonas de Gaza.
Por su parte, Hamás ha reiterado su disposición a negociar, pero exige condiciones claras: un alto el fuego total, la retirada de las tropas israelíes y un acuerdo completo sobre el intercambio de prisioneros. A estas exigencias se suma la preocupación de los gazatíes, quienes temen que Israel intensifique su ofensiva en la Franja, mientras Hamas se atrinchera y continúa utilizando tácticas de guerrilla.
La situación actual en Gaza es insostenible. Con la guerra que lleva más de un año, la población civil de Gaza se encuentra atrapada entre dos fuerzas implacables, mientras la comunidad internacional busca soluciones que aún parecen lejanas. Los familiares de los rehenes, como Ruth Chmiel, claman por un acuerdo que ponga fin al sufrimiento de los cautivos, pero el futuro sigue siendo incierto.


