La situación política en Guinea-Bisáu se complicó este jueves con el nombramiento de un general como presidente de transición, tras el golpe militar que derrocó al jefe de Estado Umaro Sissoco Embalo, días antes de la publicación de los resultados de las elecciones presidenciales y legislativas.
El general Horta N’Tam, hasta ahora jefe del Estado Mayor del ejército de tierra, fue designado para liderar la transición durante un año, según informó la junta militar en conferencia de prensa desde la capital, Bisáu, que permanecía casi paralizada y con fuerte presencia de seguridad en sus calles.
La medida militar incluyó la suspensión de las elecciones del 23 de noviembre, generando alarma en la población y entre observadores internacionales que denunciaron un retroceso democrático. Tiendas y mercados cerraron y la ciudadanía reportó escenas de pánico tras los intensos disparos en el palacio presidencial.
El mandatario derrocado, Embalo, se trasladó a Senegal “sano y salvo” a bordo de un avión fletado por las autoridades de ese país, mientras la ONU expresó su profunda preocupación y calificó la acción como una violación de los principios democráticos.
La comunidad internacional observa con inquietud este nuevo episodio de inestabilidad, en un país que desde su independencia en 1974 ha sufrido cuatro golpes de Estado exitosos y varios intentos fallidos, consolidando su reputación de fragilidad política crónica.
Según los militares, el golpe fue motivado por la necesidad de garantizar la seguridad nacional y prevenir un plan de desestabilización atribuido a barones locales del narcotráfico, incluyendo la introducción de armas con el objetivo de alterar el orden constitucional.
El general Denis N’Canha, jefe del gabinete militar, justificó la intervención ante los medios, asegurando que la acción era necesaria para restaurar el orden y la seguridad en un país cuya población apenas alcanza los 2,2 millones de habitantes.
Además del derrocamiento del presidente, fue detenido el líder opositor Domingos Simoes Pereira, quien había quedado fuera de la contienda presidencial por decisión de la Corte Suprema, intensificando la percepción de represión política.
Guinea-Bisáu enfrenta problemas estructurales de pobreza y corrupción, sumados a su papel como ruta clave en el tráfico de drogas entre Sudamérica y Europa, fenómenos que se agravan por la persistente inestabilidad de su gobierno.
La junta militar argumenta que su intervención busca restablecer la seguridad y prevenir la escalada de violencia, aunque críticos advierten que la suspensión electoral y los arrestos de opositores representan un retroceso para la democracia en el país.
La Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Cedeao) reaccionó suspendiendo a Guinea-Bisáu de todos los órganos decisorios de la organización, mientras el futuro político del país permanece incierto y la comunidad internacional llama al respeto de los derechos y la voluntad popular.
Este golpe se suma a una serie de eventos similares en la región desde 2020, incluyendo Mali, Burkina Faso, Níger y Guinea-Conakry, consolidando un patrón de golpes militares que debilitan la estabilidad y el desarrollo político de África Occidental.


