El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, asumió el lunes 3 de febrero el cargo de jefe interino de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), una de las principales agencias encargadas de la asistencia humanitaria y el desarrollo a nivel global. Durante su visita a El Salvador, Rubio no solo confirmó su nuevo rol, sino que también lanzó duras críticas contra la agencia, acusándola de “insubordinación” y afirmando que este comportamiento ha hecho imposible realizar una “revisión seria” de sus actividades.
El exsenador republicano destacó que, a pesar de los cuestionamientos, las funciones principales de USAID seguirán operando, aunque subrayó que la agencia ha actuado como si fuera una “entidad no gubernamental independiente“. Rubio añadió que la forma de operar de USAID en algunos casos se contradice con los objetivos nacionales de EE. UU. y señaló que algunos programas de la agencia no alinean con la estrategia del gobierno estadounidense.
La crítica a USAID por parte de Rubio se suma a una serie de opiniones públicas contrarias que se han vertido sobre la agencia en los últimos meses. El magnate Elon Musk, por ejemplo, calificó a la entidad como una “organización criminal”, mientras que el presidente Donald Trump se refirió a la agencia como dirigida por “lunáticos radicales”.
El nombramiento de Rubio y sus comentarios sobre la situación de USAID se producen en un contexto de crecientes tensiones dentro del gobierno de EE. UU. sobre la eficacia y alineación de la asistencia exterior con los intereses nacionales. Rubio, quien previamente apoyó la ayuda internacional en su rol como senador, ha manifestado que la agencia no está funcionando de acuerdo con los objetivos de la administración de Biden, lo que llevó a una crítica más abierta de la estrategia de la entidad.
Uno de los cambios importantes que Rubio propuso es una reestructuración interna para eliminar la “insubordinación”, un término que utilizó para describir la falta de cohesión dentro de la agencia. Para él, este comportamiento ha obstaculizado la capacidad de revisar adecuadamente los programas de ayuda y las prioridades de los proyectos a nivel global. Según Rubio, esto compromete los esfuerzos por garantizar que la asistencia enviada a países de todo el mundo realmente responda a los intereses estratégicos de EE. UU.
USAID, que cuenta con un presupuesto anual de aproximadamente 42.800 millones de dólares, ha sido una herramienta fundamental en la diplomacia estadounidense, financiando programas de desarrollo económico, asistencia humanitaria, salud global y más en todo el planeta. Sin embargo, a pesar de su importancia, la agencia ha sido objeto de críticas tanto dentro como fuera de EE. UU. por sus métodos de operación y la falta de transparencia en algunos de sus proyectos.
La intervención de Rubio y sus reformas podrían tener un impacto significativo en cómo se distribuye y se supervisa la ayuda estadounidense en el futuro. Aunque USAID ha sido una agencia autónoma desde su creación en 1961 por una ley del Congreso, la presión por alinear más estrechamente sus acciones con las políticas nacionales de EE. UU. está en aumento.
No es la primera vez que el presupuesto destinado a la ayuda internacional es puesto en duda dentro de la administración estadounidense. En su regreso al poder en enero de 2025, el expresidente Trump ya había anunciado un congelamiento temporal de las ayudas externas para evaluar si realmente cumplían con los intereses nacionales, lo que alimentó aún más el debate sobre el papel de USAID y otras agencias de asistencia.
La presencia de USAID en el escenario internacional, que abarca desde América Latina hasta África y Asia, seguirá siendo una piedra angular de la política exterior de EE. UU., pero el desafío ahora es garantizar que esa presencia se alinee mejor con los intereses geopolíticos y económicos del país.
En cuanto a la dirección de Rubio, el futuro de la agencia está lleno de incertidumbres, especialmente con las tensiones políticas internas que pueden influir en la continuidad de las operaciones de USAID. Mientras tanto, la comunidad internacional observa de cerca cómo la nueva administración de EE. UU. redefinirá su enfoque hacia la ayuda humanitaria y el desarrollo global.
La intervención de Rubio, centrada en corregir lo que considera un desfase en la misión de la agencia, marca una nueva etapa para USAID en su relación con el gobierno de EE. UU. y plantea la pregunta de si otros organismos internacionales y agencias también podrían enfrentar una revisión similar bajo las nuevas políticas del secretario de Estado.


