Lula da Silva refuerza vínculos con Vlodimir Putin en Moscú pese a críticas internacionales

La presencia del presidente brasileño en la celebración del Día de la Victoria en Rusia fue vista por Ucrania como un gesto hostil. La visita se da en medio de la guerra en Ucrania y junto a mandatarios alineados con el Kremlin, despertando críticas internas y externas por su carga simbólica y política.

La participación del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en los actos por el Día de la Victoria en Moscú desató críticas en varios frentes diplomáticos, especialmente en Ucrania. El evento conmemora el triunfo soviético sobre la Alemania nazi, pero en el actual contexto bélico, su significado ha adquirido un tono mucho más controversial.

Desde Kiev, autoridades diplomáticas calificaron el gesto como “hostil” y advirtieron sobre posibles consecuencias negativas para la cooperación bilateral entre Ucrania y Brasil. El gobierno ucraniano considera que acudir a Moscú en plena guerra es un acto que contradice la neutralidad que Brasil intenta mantener públicamente.

La invitación fue cursada personalmente por el presidente ruso, Vladimir Putin, quien enfrenta una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por la deportación de niños ucranianos. La asistencia de Lula fue interpretada por muchos como una forma de legitimar al mandatario ruso en un momento de fuerte aislamiento internacional.

Lula estuvo acompañado por una nutrida delegación brasileña, incluyendo a la ex presidenta Dilma Rousseff, ministros clave y el presidente del Senado, Davi Alcolumbre. Su esposa, Rosangela da Silva, viajó previamente con una agenda centrada en temas sociales y culturales.

La asistencia del presidente brasileño a la Plaza Roja durante el Día de la Victoria generó críticas en Ucrania, que evalúa medidas diplomáticas. Foto: (REUTERS/ARCHIVO)

El desfile militar incluyó tanques, misiles y drones utilizados actualmente en el conflicto contra Ucrania. También asistieron líderes de gobiernos considerados autoritarios y aliados del Kremlin, como Nicolás Maduro (Venezuela), Xi Jinping (China) y Aleksandr Lukashenko (Bielorrusia).

Analistas como Scott Morgan, desde Washington, señalaron que Lula ignora el legado histórico brasileño en la Segunda Guerra Mundial, cuando el país luchó junto a los Aliados. La decisión de estar en Moscú y no en Londres o París fue vista como una omisión simbólica de gran peso.

El periodista William Waack fue aún más enfático: “Nuestros soldados murieron por la democracia. Celebrar esta victoria junto a Putin es una bofetada”. La crítica apunta al contraste entre la defensa de valores democráticos y la cercanía con gobiernos que los cuestionan.

El analista político Ricardo Rangel opinó que Lula eligió conscientemente este momento para visitar Rusia, lo que calificó como un error diplomático grave, tanto por su significado histórico como por sus posibles repercusiones en Europa.

En su reunión con Putin, Lula defendió los lazos bilaterales y propuso profundizar la cooperación en diversas áreas, incluyendo energía nuclear. También lanzó críticas a Estados Unidos, señalando que el proteccionismo comercial de Trump socava el multilateralismo y la soberanía de los países.

La Cancillería brasileña aseguró que el viaje tenía como propósito buscar soluciones pacíficas a los conflictos globales. No obstante, fuentes ucranianas consideraron esa justificación un pretexto y calificaron el evento como un “espectáculo militar disfrazado de misión de paz”.

Ucrania había invitado a Lula a visitar Kiev antes de su viaje a Moscú, pero el presidente brasileño no respondió al gesto. Además, el mandatario ucraniano Volodimir Zelensky rechazó una llamada solicitada por Brasil, argumentando problemas de agenda.

En paralelo, Ucrania ha lanzado campañas en redes para reclutar combatientes brasileños y latinoamericanos, ofreciendo altos salarios. Hasta ahora, al menos ocho brasileños han muerto y trece están desaparecidos en combate, según datos de Itamaraty.

El comercio bilateral entre Rusia y Brasil se mantiene activo, especialmente en productos energéticos y fertilizantes. Brasil se ha convertido en uno de los principales compradores de petróleo ruso, lo que refuerza su dependencia económica de Moscú pese a las sanciones occidentales.