El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó este sábado una seria advertencia sobre el futuro del G20 al afirmar que su funcionamiento “está amenazado”, en referencia al clima de fricción generado por las recientes críticas de Estados Unidos a la organización.
Durante la sesión inaugural realizada en el Centro de Exposiciones Nasrec de Johannesburgo, Lula sostuvo que el grupo corre el riesgo de perder su capacidad de coordinación global si no logra mantener un espacio de cooperación amplio y operativo.
Sin citar directamente a Washington, el mandatario subrayó que el G20 debe preservar su papel como foro capaz de afrontar los problemas más urgentes del mundo, y advirtió que, si no se encuentran soluciones dentro del bloque, difícilmente podrán surgir en otros ámbitos multilaterales.
La cumbre, que continúa hasta el domingo 23 de noviembre, se desarrolla en un contexto dominado por la guerra en Ucrania y la falta de consenso sobre las vías para poner fin al conflicto, un punto que acentúa las tensiones entre Estados Unidos, Europa y otros miembros.
La ausencia del presidente estadounidense Donald Trump ha marcado el encuentro, aunque su administración envió un documento con una propuesta para abordar la guerra en Ucrania, lo que amplificó su presencia política pese a no asistir de forma presencial.
Washington justificó su falta de representación directa señalando discrepancias con Sudáfrica respecto a comercio global y cambio climático, un argumento que no mitigó la percepción de distancia entre Estados Unidos y la dinámica actual del G20.
Tras una conversación entre Trump y el presidente ucraniano Volodimir Zelensky, varios líderes europeos —entre ellos Emmanuel Macron, el canciller alemán Friedrich Merz y el primer ministro británico Keir Starmer— reafirmaron que cualquier acuerdo sobre Ucrania debe contar con el respaldo conjunto de Europa y la OTAN.

En esa línea, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, insistió en que no se debe negociar la paz sin la participación plena del gobierno ucraniano, y anunció una reunión con la Unión Africana para continuar analizando el conflicto.
Trump declaró posteriormente que espera una respuesta de Kiev al documento presentado por su administración para el 27 de noviembre, lo que añade presión al gobierno ucraniano en un escenario diplomático ya saturado.
La cumbre también se vio atravesada por el estancamiento de las negociaciones climáticas de la COP30 en Brasil, después de que varios petroestados rechazaran incluir un compromiso para avanzar en la eliminación progresiva de los combustibles fósiles.
Pese a estos desacuerdos, Sudáfrica mantuvo una postura optimista, destacando que espera obtener un respaldo significativo del G20 en materias como reducción de desigualdades, alivio de deuda para países vulnerables, transición energética y cooperación en minerales estratégicos.
El presidente sudafricano Cyril Ramaphosa afirmó que confía en la aprobación de una declaración final que marque una agenda renovada para el grupo, en un momento en que el G20 enfrenta el desafío de demostrar su relevancia en un mundo cada vez más fragmentado.


