La tranquilidad de Rio Bonito do Iguaçu, en Paraná, se vio interrumpida el pasado viernes por un tornado que arrasó casas, comercios y escuelas, dejando tras de sí un escenario de devastación.
Con vientos que superaron los 250 km/h, el fenómeno meteorológico provocó la muerte de seis personas y más de 800 heridas en esta localidad de 14.000 habitantes, cercana a las famosas cataratas de Iguazú.
“Comenzó aquel estruendo tan rápido… le dije a mi marido: ‘esto no es bueno, es peligroso’, y empecé a leer la Biblia”, relató Lourdes dos Santos, una residente que logró refugiarse bajo una mesa mientras el tornado pasaba.
Las brigadas de rescate concluyeron las búsquedas en la zona urbana y confirmaron que no hay desaparecidos adicionales. Actualmente, los esfuerzos se concentran en restablecer servicios básicos como electricidad, agua y telefonía, además de distribuir alimentos y agua potable.
Hasta el domingo, 32 víctimas permanecían hospitalizadas, cuatro en Unidades de Terapia Intensiva, aunque ninguna de ellas en estado crítico, según el gobierno local.

Las imágenes captadas por AFP mostraron a habitantes tratando de recuperar pertenencias entre escombros, mientras retroexcavadoras removían montañas de restos de concreto y metal. “La ciudad está prácticamente destruida”, reconoció el alcalde Sezar Augusto Bovino.
Ante la magnitud del desastre, el gobierno de Paraná decretó el “estado de calamidad pública” para agilizar la liberación de recursos de emergencia y la asistencia inmediata a los afectados.

Como parte de los primeros auxilios, se planea otorgar 50.000 reales (US$ 9.300) a cada familia damnificada. Cerca de mil personas se encuentran en refugios improvisados en gimnasios y escuelas de ciudades cercanas.
José Marengo, del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales, explicó que el tornado se desprendió de un ciclón extratropical que afecta el sur de Brasil y alcanzó categoría F3 en la escala Fujita de cinco niveles.
Marengo también señaló la dificultad de prever estos fenómenos, que se forman en cuestión de minutos, y destacó la necesidad de sistemas de alerta temprana más eficientes en Brasil.
Autoridades y habitantes continúan trabajando entre los escombros, mientras la ciudad y sus 14.000 habitantes comienzan el lento proceso de recuperación y reconstrucción tras una de las catástrofes naturales más severas de su historia reciente.


