La docente Natalia Barbat murió este domingo en Treinta y Tres tras ser atacada por su expareja, Leonardo Pereira, de 53 años, quien no aceptaba la separación y la persiguió hasta una estación de servicio.
Según fuentes oficiales, la mujer buscó refugio y se encerró en una habitación pidiendo ayuda, pero el hombre armado logró entrar y disparar antes de dispararse él mismo.
La policía fue alertada a las 13.55 y, al llegar, escuchó dos detonaciones. Barbat ya estaba fallecida y Pereira presentaba signos vitales, por lo que fue trasladado a un sanatorio local, donde murió al día siguiente.
La noticia provocó conmoción en la comunidad, ya que Barbat era una docente muy querida, que trabajaba en Treinta y Tres y previamente había enseñado en Maldonado.
La relación entre Barbat y Pereira había terminado hace tiempo, pero él no había aceptado la separación. En octubre había vencido la restricción de acercamiento y no se registraron nuevas denuncias.
Quienes conocían a la víctima contaron que en los últimos años sufrió persecución y hostigamiento por parte del hombre. Recibía mensajes insistiendo en retomar la relación y ofreciendo mudarse a Treinta y Tres.
La Federación Uruguaya de Magisterio emitió un comunicado expresando su dolor y responsabilizando al Estado por la falta de prevención frente a la violencia de género. “Nos duele Natalia y nos duele la violencia que golpea a la escuela pública uruguaya”, indicaron.
Este lunes se realizó una concentración en la Plaza 19 de Abril de Treinta y Tres. Ángela Miraballes, excolega de Barbat, recordó la difícil situación que atravesó la víctima y lamentó que no fuera escuchada en sus denuncias previas.
Miraballes destacó que Barbat había seguido todos los mecanismos legales, pero que no logró vivir con tranquilidad. “No puede ser que después de hacer todo lo que corresponde judicialmente, el desenlace sea una tragedia”, señaló.
El colectivo feminista Ana Yacobazzon también se movilizó. Lucía Fernández, integrante del grupo, dijo que el femicidio podría haberse evitado si las instituciones actuaran correctamente, y lo calificó como un crimen de odio perpetrado a plena luz del día.
El caso vuelve a exponer las deficiencias del sistema de protección frente a la violencia machista y la urgencia de revisar los mecanismos de prevención, asistencia y control judicial.
Mientras Treinta y Tres lamenta la pérdida de una docente valorada y respetada, la sociedad uruguaya enfrenta la necesidad de fortalecer la seguridad de las mujeres y garantizar que tragedias como esta no se repitan.
Fuente: Infobae


