El Ministerio de Salud recuerda que el consumo diario recomendado no debe superar los cinco gramos de sal, lo que equivale aproximadamente a una cucharadita de té. Este llamado no es nuevo, pero cobra especial urgencia ante los datos recientes: en el país, el 38,6% de la población presenta hipertensión arterial, una cifra que enciende alarmas.
El exceso de sal en la alimentación está estrechamente vinculado con enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y otros padecimientos crónicos no transmisibles. Aunque el sodio es un mineral esencial para funciones vitales como el equilibrio de líquidos y la transmisión nerviosa, su ingesta desmedida representa un riesgo serio para la salud.
Una de las mayores dificultades radica en que gran parte del sodio que consumimos no proviene del salero. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entre el 70% y 80% del sodio presente en nuestra dieta llega a través de alimentos procesados y ultraprocesados.
Productos como panificados, galletitas, embutidos, snacks, enlatados, caldos, sopas instantáneas y hasta bebidas azucaradas contienen sal en grandes cantidades, muchas veces camufladas entre otros ingredientes. La costumbre de no leer las etiquetas y el gusto adquirido por sabores intensos dificultan aún más el control.
Reducir el consumo de sal no solo beneficia a personas hipertensas, sino también a quienes buscan prevenir enfermedades cardiovasculares. Estudios han demostrado que una disminución en la ingesta de sodio se asocia con menores niveles de presión arterial en adultos y niños.

El cambio, sin embargo, no implica eliminar el sabor de las comidas. Sazonar con especias naturales como el ajo, el orégano, la albahaca, el perejil, el vinagre o el limón puede reemplazar el uso de sal sin renunciar al placer de comer bien. El paladar se adapta con el tiempo a sabores menos intensos.
El Ministerio de Salud también sugiere leer con atención el etiquetado de los productos y optar por aquellos que indiquen “bajo en sodio”, “sin sal añadida” o “sal reducida”. Esta práctica, aunque simple, puede marcar una gran diferencia en el largo plazo.
Otra estrategia práctica es evitar tener el salero en la mesa. Esta medida ayuda a reducir el uso automático e innecesario de sal al momento de comer. Cocinar en casa con alimentos frescos y elegir métodos de cocción más saludables, como al vapor o al horno, también contribuye a una dieta más equilibrada.
En el caso de los alimentos enlatados, se recomienda escurrir y enjuagar su contenido bajo agua corriente para eliminar parte del sodio agregado durante el proceso de conservación. Lo mismo aplica a productos como las aceitunas o las legumbres en conserva.
La iniciativa busca crear conciencia, pero también empoderar a las personas con herramientas concretas para modificar sus hábitos. Reducir la sal es un paso pequeño que puede tener un gran impacto en la salud colectiva.
Paraguay se suma así a una campaña global que pretende no solo informar, sino transformar. Porque el cambio empieza en la cocina, y cada decisión que tomamos frente al plato puede ser una elección para la vida.


