La temporada festiva trae consigo la tentación de las cenas opulentas, brindis interminables y la sensación de disfrutar en exceso. Platos elaborados y postres irresistibles se convierten en parte esencial de las celebraciones, dejando a menudo malestares digestivos y la sensación de culpa tras los excesos.
Con la llegada del nuevo año, la idea de corregir estos “deslices” alimenticios suele llevar a muchos a adoptar dietas extremas o prácticas “detox”, en busca de purificar su organismo rápidamente. Sin embargo, especialistas en salud advierten sobre los riesgos de someterse a estos regímenes restrictivos y sugieren alternativas más saludables para recuperar el bienestar.
Según la nutricionista Eugenia Briz (MP 95), el cuerpo humano ya está perfectamente preparado para eliminar toxinas, sin necesidad de dietas drásticas. “Nuestros órganos trabajan conjuntamente para eliminar residuos: el hígado filtra los desechos del torrente sanguíneo y los riñones los excretan”, explica Briz. Así, el cuerpo está diseñado para desintoxicarse naturalmente, siempre y cuando se mantenga una dieta balanceada.
Por otro lado, las populares dietas “detox” incluyen prácticas como ayunos prolongados, consumo exclusivo de frutas y vegetales, o eliminar ciertos alimentos como harinas y lácteos. Aunque estas estrategias suenan atractivas, Briz y otros expertos alertan que pueden ser perjudiciales para la salud. “No son recomendables, ya que muchas veces favorecen una relación poco saludable con la comida”, afirma la nutricionista.
Florencia Salva, otra experta en nutrición, señala que estas dietas restrictivas pueden provocar efectos secundarios negativos como distensión abdominal, náuseas y desequilibrios en personas con afecciones crónicas como diabetes o hipertensión. En lugar de mejorar la salud, estos métodos pueden tener un impacto opuesto, sobre todo cuando se basan en la eliminación drástica de alimentos esenciales.
Las consecuencias de un enfoque tan restrictivo no se limitan a efectos físicos. Salva también alerta que el acto de comer en exceso durante las fiestas, solo para luego intentar “compensarlo” con dietas líquidas o extremas, puede perpetuar un ciclo de restricción y liberación, lo que afecta la relación emocional con la comida.
En vez de recurrir a soluciones rápidas y poco sostenibles, los especialistas sugieren un enfoque más equilibrado: controlar las porciones durante las celebraciones y retomar poco a poco una alimentación sana después de los excesos. Este tipo de enfoque permite al cuerpo adaptarse sin forzar un cambio drástico, y asegura que se mantenga el equilibrio sin recurrir a privaciones innecesarias.
La clave está en la moderación y en construir hábitos saludables que perduren más allá de las festividades. “Es importante priorizar la calidad sobre la cantidad, disfrutar de las celebraciones con responsabilidad y regresar a una rutina alimentaria equilibrada después de los excesos”, concluye Briz.
Recuperar la salud tras las fiestas no tiene que ser sinónimo de dietas extremas ni restricciones. Un enfoque gradual y sensato es el camino ideal para restablecer el equilibrio, sin afectar el bienestar físico ni emocional.


