Ecuador desplegó este lunes más de 1.500 efectivos en la zona amazónica de Alto Punino, una región estratégica en la frontera con Perú y cerca de Colombia. La operación busca neutralizar al grupo armado que emboscó a una patrulla militar en una zona plagada de minería ilegal.
La emboscada ocurrió el pasado viernes, cuando tropas de la Brigada de Selva 19 Napo fueron atacadas con explosivos y fusiles durante un operativo contra campamentos ilegales de extracción de oro. Cuatro equipos de combate participaban en la misión, pero uno fue sorprendido en medio de la selva.
El Ministerio de Defensa atribuyó el ataque a los Comandos de la Frontera, una facción disidente de la exguerrilla colombiana FARC. Aunque este grupo negó su implicación desde Colombia, el Ejército ecuatoriano identificó entre los abatidos a alias “Compadre”, supuesto jefe del grupo en territorio ecuatoriano.
Según las Fuerzas Armadas, el grupo armado operaba con al menos 30 guerrilleros equipados con armamento militar, lanzagranadas y tecnología como drones y sistemas de comunicación. Además, se sospecha que mantenían vínculos con el grupo criminal ecuatoriano Los Lobos.
El conflicto se da en un contexto complejo. La zona de Alto Punino, en la cuenca alta del río del mismo nombre, es considerada un punto crítico por la presencia de minería ilegal, donde grupos armados imponen control a través de la extorsión y el cobro de “vacunas”.

La operación militar actual no solo busca encontrar a los responsables del ataque, sino también desmantelar las redes criminales que operan en la región y restaurar el control estatal en una zona de alta tensión geopolítica y social.
Una de las líneas de investigación más delicadas apunta a una posible filtración de información militar. Las autoridades analizan si hubo complicidad interna que permitió al grupo anticipar el operativo y preparar la emboscada.
El comandante del Ejército, Henry Delgado, no descartó que la influencia económica de estos grupos haya penetrado en las filas militares. “Estas organizaciones tienen poder económico con el que podrían doblegar el espíritu de un soldado”, declaró en una visita a la zona del ataque.
Ante la gravedad del hecho, el presidente Daniel Noboa decretó tres días de duelo nacional y prometió una respuesta implacable. “Los vamos a encontrar y los vamos a acabar”, dijo a través de sus redes sociales, calificando a los soldados fallecidos como héroes nacionales.
La ofensiva actual contempla un cerco táctico del área, intensificación de patrullajes y vigilancia aérea permanente. Helicópteros, drones y tropas de élite están desplegados para asegurar la zona y evitar nuevas incursiones armadas.
El ataque del viernes es considerado uno de los episodios más letales de los últimos años en el conflicto que enfrenta Ecuador, sumido en una creciente ola de violencia impulsada por el narcotráfico y el crimen organizado.


