Ecuador impulsa acción urgente ante la ONU por la desaparición de cuatro menores detenidos por militares

La Asamblea Nacional de Ecuador ha solicitado una "acción urgente" ante el Comité Contra la Desaparición Forzada de la ONU, tras la desaparición de cuatro menores detenidos por militares en Guayaquil. Este caso genera creciente preocupación y exige respuestas claras sobre el paradero de los niños.

El 8 de diciembre, cuatro menores fueron detenidos por una patrulla militar en Guayaquil, Ecuador, en lo que inicialmente parecía un procedimiento para prevenir un robo en la zona. Sin embargo, lo que debía haber sido una intervención rutinaria se transformó en un caso de desaparición forzada que ha levantado alarmas tanto a nivel nacional como internacional.

Ante la falta de avances claros en la investigación y la ausencia de respuestas satisfactorias por parte de las autoridades, la Asamblea Nacional de Ecuador decidió emprender un trámite de “acción urgente” ante el Comité Contra la Desaparición Forzada de la ONU. El objetivo es que el organismo internacional implemente medidas inmediatas para localizar y proteger a los menores, así como investigar las circunstancias en las que ocurrieron los hechos.

El Parlamento también ordenó a su Comisión Especializada en Protección Integral de Niños iniciar un proceso de fiscalización. Este incluye la recopilación de información sobre lo sucedido y la elaboración de un informe no vinculante, que será presentado en un mes. La comisión llamará a declarar a las autoridades pertinentes para esclarecer las circunstancias de la desaparición.

La acción legislativa fue impulsada luego de la comparecencia de los padres de los menores desaparecidos—Josué, Ismael, Saúl y Steven—quienes exigieron respuestas claras y el regreso seguro de sus hijos. Durante la sesión, la presidenta del Parlamento, Viviana Veloz, criticó duramente la falta de presencia de las autoridades militares en la reunión convocada para esclarecer los hechos. “No se excusen en una carta. Ustedes tienen que darle la cara al país y explicar a todos los ecuatorianos, sobre todo a los padres de estos niños, dónde están”, declaró Veloz, dirigiéndose a los altos mandos militares.

El ministro de Defensa, Gian Carlo Loffredo, admitió que los menores fueron detenidos por la patrulla militar, pero aseguró que después de ser liberados, no fueron entregados a la Policía, una omisión que calificó como un error. Loffredo mencionó que los menores pudieron haber sido interceptados por grupos criminales en una zona alejada de Guayaquil. Sin embargo, la falta de pruebas y los testimonios contradictorios generan más dudas sobre lo sucedido.

En medio de la creciente presión social, el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, subrayó la postura de su gobierno: “No vamos a encubrir a nadie. Vamos a defender nuestros principios, y el principio de la justicia, que es esencial”. Con este mensaje, Noboa intentó tranquilizar a la ciudadanía, al tiempo que se comprometió a investigar a fondo el caso.

La Asamblea Nacional también solicitó la colaboración de organismos internacionales para presionar en la resolución del caso y asegurar que los responsables rindan cuentas. Sin embargo, la falta de transparencia en las investigaciones, especialmente por parte de las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Defensa, ha generado críticas de sectores de la sociedad civil y organizaciones de derechos humanos.

Uno de los aspectos que ha generado mayor controversia es el informe que elaborará la Comisión Especializada en Protección Integral de Niños. Este informe, que no será vinculante, podría sentar un precedente en los esfuerzos por garantizar la protección de los menores en el país. Mientras tanto, los familiares y la sociedad civil exigen respuestas claras y, sobre todo, el regreso de los menores con vida.

Fernando Bastias, abogado del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos, expresó su preocupación por el manejo inicial del caso por parte de las autoridades. Bastias denunció que, desde el principio, hubo señales claras de abuso por parte de los militares, como la detención arbitraria y las posibles torturas a los niños. Además, criticó que la Fiscalía haya clasificado inicialmente el caso como un secuestro, en lugar de como una desaparición forzada, lo que podría haber demorado el proceso de investigación.

La situación se complica aún más por la escasa información proporcionada por las Fuerzas Armadas y las contradictorias versiones de los hechos. A medida que las semanas avanzan, la presión sobre el gobierno y las autoridades responsables sigue en aumento. En el contexto de una creciente crisis de confianza en las instituciones, la desaparición de estos menores ha puesto de manifiesto las deficiencias en el sistema de justicia y la protección de derechos humanos en Ecuador.

El caso de los cuatro menores sigue siendo un símbolo de la lucha por la transparencia y el respeto a los derechos fundamentales en el país. Mientras tanto, la población ecuatoriana continúa exigiendo justicia y respuestas claras sobre el paradero de los niños, esperando que se haga justicia ante un crimen tan grave y doloroso.