El presidente de Estados Unidos., Donald Trump, redujo el plazo para que Rusia acuerde un alto al fuego en Ucrania de 50 a 10‑12 días, advirtiendo sobre sanciones fuertes si no hay acuerdo antes del 8 de agosto.
A bordo del Air Force One, Trump expresó su frustración con Vladimir Putin: “Estoy decepcionado… no vemos ningún progreso”.
Anunció la aplicación de aranceles rosas (secondary sanctions), incluidos sobre terceros países que comercien con Rusia, como medida disuasoria.
Ucrania recibió la medida con agradecimiento: el jefe de gabinete Andriy Yermak elogió el ultimátum como un gesto contundente, afirmando que “sólo la fuerza detiene a Putin”.
En contraste, Rusia tomó nota sin ceder, y Dmitry Medvedev calificó el ultimátum como una amenaza que podría escalar el conflicto incluso con EE.UU. Medvedev añadió que cada nuevo ultimátum “es un paso hacia la guerra”, y advirtió que Trump está siguiendo “el camino de Sleepy Joe”.
El cambio de tono de Trump —de conversaciones diplomáticas a advertencias públicas— refleja su creciente impaciencia frente al estancamiento del diálogo.
El ultimátum llega en un contexto de intensos ataques a civiles en Ucrania; recientes bombardeos en Zaporizhzhia y Dnipropetrovsk causaron al menos 27 muertes y más de 90 heridos. A pesar de negociaciones en Estambul el 23 de julio, no se logró avanzar hacia una tregua efectiva entre ambas partes.
Mientras tanto, Rusia continúa sus ataques nocturnos con drones y misiles, incluso contra instalaciones civiles como cárceles y hospitales.


