Cada 15 de septiembre Paraguay recuerda a dos de sus más influyentes creadores: Emiliano R. Fernández, poeta y músico que murió en ese día en 1949, y Luis Alberto del Paraná, el cantante, fallecido en 1974.
La efeméride no es reciente: fue instituida por la Ley N.º 4366, sancionada por el Congreso Nacional y promulgada el 1 de julio de 2011, lo que demuestra el valor institucional que se le otorga a la polca paraguaya.
El Congreso inició el trámite legislativo el 3 de marzo de 2011 en el Senado y avanzó en Diputados, hasta aprobarse el 14 de junio, para luego ser publicada oficialmente el 5 de julio de ese año.
La Ley declara de interés cultural esta fecha y reconoce la polca paraguaya como uno de los géneros más representativos del país, marcando su respaldo legal y simbólico.
Más allá de su valor musical, la polca paraguaya funciona como un emblema de identidad nacional, ya que en sus letras y ritmos se refleja el sentir popular, las costumbres campesinas y la memoria colectiva.
Este género ha sido vehículo de transmisión histórica: retrata historias de amor, nostalgia, resistencia y alegría, lo que le da profundidad emocional y arraigo en múltiples generaciones.
La conmemoración de cada 15 de septiembre busca no solo recordar a sus grandes exponentes, sino fomentar la ejecución frecuente de actividades culturales, conciertos, recitales y encuentros populares.
Asimismo, se pretende promover el reconocimiento de los artistas vivos que mantienen viva la tradición, así como incentivar a jóvenes músicos a formarse en este estilo autóctono.
En instituciones educativas, culturales y medios de comunicación se organizan actos que resaltan la polca, se comparten archivos musicales y se aprende sobre su historia, lo que fortalece su vigencia.
Se considera que este tipo de celebraciones son esenciales para mantener viva la diversidad cultural del país e impedir que tradiciones tan fundamentales como la polca paraguaya se pierdan ante influencias externas.
El Día de la Polca Paraguaya no es solo una fecha para recordar, sino una oportunidad para valorar la música como parte viva de la identidad nacional, para educar en el legado de Fernández y del Paraná, y para asegurar que la polca siga resonando con fuerza en el Paraguay de hoy.

