El último debate presidencial organizado por el Órgano Electoral Plurinacional (OEP) se llevó a cabo este martes en la ciudad de El Alto, con la notoria ausencia de los candidatos mejor posicionados en las encuestas. A pesar de la expectativa, solo tres de los ocho postulantes en carrera se hicieron presentes para discutir sus propuestas en torno a la economía y el desarrollo productivo, en un espacio que debió haber servido como escenario de contraste entre visiones de país.
Los asistentes al evento fueron Eduardo del Castillo, exministro del gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS); Rodrigo Paz, del Partido Demócrata Cristiano (PDC); y Pavel Aracena, de la alianza Libertad y Progreso-ADN. El encuentro tuvo lugar en el estudio de Radio y Televisión Popular (RTP), sin público presente, pero con transmisión nacional.
Entre las ausencias más comentadas estuvieron las del empresario Samuel Doria Medina (Unidad) y el expresidente Jorge Tuto Quiroga (Libre), ambos líderes opositores con amplia proyección electoral. Tampoco se presentaron el presidente del Senado, Andrónico Rodríguez (Alianza Popular), ni los alcaldes Manfred Reyes Villa (Cochabamba) y Jhonny Fernández (Santa Cruz), lo que provocó duras críticas desde el público y entre los propios candidatos presentes.
A pesar de la baja convocatoria, los tres participantes aprovecharon la plataforma para exponer sus planes económicos. Rodrigo Paz propuso un “cambio estructural” para devolver a los ciudadanos el control sobre los recursos naturales, a través de una renta directa que, según prometió, iría directamente a las familias bolivianas y no a grupos de poder ni intereses extranjeros.

Por su parte, Eduardo del Castillo defendió la continuidad del modelo económico del MAS, pero con una apuesta reforzada por la producción agropecuaria y minera. Su propuesta contempla una inyección de 12.000 millones de dólares y un énfasis en generar ingresos sin afectar a los sectores más vulnerables de la sociedad, reiterando un discurso de inclusión económica.
Pavel Aracena presentó la propuesta más disruptiva de la noche, basada en una estrategia de monetización del litio y otros minerales mediante referendos departamentales. Aseguró que con esta medida se podrían generar 6.000 millones de dólares, y acompañó su discurso con la promesa de permitir depósitos bancarios sin exigir justificación del origen de fondos, lo cual ha generado preocupación entre analistas por los riesgos de fomentar la informalidad y el lavado de dinero.

En el eje del desarrollo productivo, Aracena enfatizó la necesidad de una “revolución” en infraestructura, logística y formación de capital humano. Del Castillo propuso créditos masivos y obras viales para dinamizar la economía regional, mientras que Paz planteó un salario universal para las mujeres, créditos preferenciales para sectores populares y eliminar trabas burocráticas que —según él— frenan el desarrollo departamental.
Sin embargo, más allá de las propuestas, el foco del debate se trasladó a las críticas contra los candidatos ausentes. La inasistencia de los favoritos fue interpretada como una muestra de desdén hacia el electorado o una estrategia para evitar confrontaciones públicas en el tramo final de la campaña. Esta percepción fue compartida tanto por analistas como por algunos votantes, que esperaban definiciones claras de quienes lideran las intenciones de voto.
El contexto del debate también estuvo marcado por un proceso electoral complejo. De los diez frentes inicialmente inscritos, dos quedaron fuera: Nueva Generación Patriótica (NGP), tras la inhabilitación de su candidato Jaime Dunn, y el Movimiento de Renovación Nacional (Moena), liderado por Eva Copa, que decidió no participar en los comicios. Así, el panorama político ha quedado polarizado entre las viejas estructuras partidarias y nuevas propuestas que aún buscan posicionarse.
Mientras tanto, Jorge Quiroga aprovechó la jornada para cerrar su campaña en Santa Cruz, donde presentó un ambicioso plan de “salvataje internacional”. El exmandatario propuso medidas drásticas para contener la inflación, recuperar divisas y reformar sectores clave como hidrocarburos, minería, agroindustria y justicia. Prometió iniciar un “cambio radical” desde el primer día de su mandato, si llega a la Presidencia.

En su intervención, Quiroga no escatimó en críticas hacia el MAS, al que acusó de haber despilfarrado los recursos del país durante dos décadas. Asimismo, aseguró estar listo para competir tanto en una eventual segunda vuelta como para consolidar una mayoría parlamentaria. Su mensaje estuvo claramente dirigido a un electorado que exige una alternativa firme y sin titubeos frente al oficialismo.
Con los debates concluidos y a tan solo cinco días de los comicios generales del 17 de agosto, el escenario electoral boliviano se muestra fragmentado, con una oferta política diversa pero aún poco definida en cuanto a liderazgos.


