La reunión del G7 celebrada en Kananaskis, Canadá, finalizó este martes sin una declaración conjunta sobre la guerra en Ucrania. El hecho no pasó desapercibido: es la primera vez en más de una década que los líderes de las principales economías occidentales no logran emitir un documento consensuado sobre uno de los conflictos más relevantes en la agenda internacional.
El anfitrión de la cumbre, el primer ministro canadiense Mark Carney, se mostró optimista ante la prensa y describió los encuentros como “francos y abiertos”. Sin embargo, sus palabras no lograron apaciguar las interrogantes surgidas tras la omisión de un pronunciamiento común sobre Ucrania, en contraste con la detallada declaración emitida sobre Oriente Medio.
Carney atribuyó la ausencia del comunicado a los “trágicos eventos” ocurridos en Medio Oriente durante la noche del lunes. Según explicó, estos incidentes forzaron un cambio de enfoque por parte de los líderes, quienes decidieron priorizar un mensaje claro sobre esa región. El texto emitido respaldó con firmeza a Israel y responsabilizó a Irán por la escalada del conflicto.
No obstante, la explicación no convenció del todo a la prensa ni a varios analistas internacionales, que señalan la falta de una postura unificada sobre Ucrania como un indicio de fisuras dentro del bloque. Además, la publicación de una única declaración —redactada por Carney como presidente de turno del G7— dejó al margen una voz colectiva que suele tener peso geopolítico.
En ese documento, se expresa el respaldo a los esfuerzos del presidente estadounidense, Donald Trump, en la búsqueda de una solución pacífica para Ucrania. También se destaca la voluntad de los países del G7 de aplicar una presión sostenida sobre Rusia mediante eventuales sanciones económicas.

Según el texto, “los líderes reconocieron la disposición de Ucrania a respetar un alto el fuego sin condiciones” y remarcaron que “la responsabilidad recae ahora en Rusia para adoptar una postura equivalente”. Sin embargo, no se especificaron plazos ni mecanismos concretos para tal compromiso.
El propio Trump abandonó la cumbre antes de lo previsto, tras participar en una única jornada de trabajo. Su salida anticipada ocurrió horas antes de una reunión programada con el presidente ucraniano Volodimir Zelensky, quien también optó por retirarse del encuentro. La secuencia reforzó la percepción de un clima tenso y negociaciones poco productivas.
Sobre Oriente Medio, el G7 reafirmó el derecho de Israel a defenderse y reiteró su posición contraria a que Irán obtenga armas nucleares. Además, se pidió un alto el fuego inmediato en la Franja de Gaza como condición para una desescalada en la región, aunque sin detallar medidas diplomáticas concretas.
El documento incluyó además menciones a China, instando al gobierno de Xi Jinping a evitar prácticas que generen “distorsiones de mercado” y a corregir su “sobrecapacidad industrial”. Asimismo, se instó a mantener la estabilidad en el estrecho de Taiwán, en línea con las preocupaciones estratégicas de Estados Unidos y sus aliados.


