Cuánta cantidad de azúcar es recomendada consumir, según los expertos

Aunque eliminar el azúcar por completo de la dieta no solo es difícil, sino también innecesario, los expertos coinciden en que la clave está en reducir su consumo añadido. Mientras que organismos como la OMS recomienda no superar los 25 gramos diarios, la realidad muestra un consumo muy superior al aconsejado. Aprender a distinguir entre azúcares naturales y procesados, leer etiquetas y moderar la ingesta puede marcar la diferencia para una alimentación más equilibrada y consciente.

En una época donde los ultraprocesados abundan y el azúcar añadido parece estar presente hasta en los alimentos más insospechados, eliminarlo por completo se ha convertido en un objetivo para muchos. Sin embargo, especialistas en nutrición advierten que buscar una dieta sin nada de azúcar no solo es poco realista, sino también innecesario e incluso contraproducente.

Lo importante no es erradicarlo, sino entender cuánto es saludable consumir y de qué fuentes proviene. Lejos de los mensajes alarmistas, los expertos promueven un enfoque basado en la información, la moderación y la conciencia sobre los efectos reales que el azúcar añadido tiene en el cuerpo.

Las cifras oficiales varían, pero coinciden en que el consumo actual supera por mucho lo recomendado. Según la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU.), el límite sugerido es que el azúcar añadido no supere el 10 % del total de calorías diarias. En una dieta promedio de 2.000 calorías, esto equivale a unos 50 gramos por día. Sin embargo, la OMS y la Asociación Americana del Corazón van más allá y recomiendan no superar los 25 gramos diarios, especialmente en mujeres.

El contraste con la realidad es notorio. Un estadounidense promedio consume más de 77 gramos de azúcar al día, lo que se traduce en cerca de 27 kilos al año. Una brecha alarmante que impacta directamente en la salud pública.

Para Karen Ansel, dietista y autora especializada, el problema no está en los azúcares presentes en frutas o lácteos, sino en aquellos que se agregan artificialmente a productos procesados. “No se engorda por el azúcar de una manzana, sino por el que viene en una gaseosa o una barra energética ultra procesada”, afirma.

El cuerpo procesa de forma distinta el azúcar según su origen. Cuando viene acompañado de fibra, como en las frutas, su absorción es más lenta y controlada. En cambio, los azúcares añadidos sin nutrientes de soporte pueden generar desequilibrios bruscos en los niveles de glucosa en sangre.

Las consecuencias de un consumo elevado no tardan en manifestarse. A corto plazo, se puede experimentar fatiga, irritabilidad o dificultades de concentración. A largo plazo, el panorama se complica: sobrepeso, inflamación, resistencia a la insulina y un mayor riesgo de enfermedades metabólicas.

Foto: (Freepink)

La buena noticia es que reducir el consumo está al alcance de todos. Para ello, el primer paso es aprender a leer etiquetas. Actualmente, la FDA obliga a distinguir entre azúcares naturales y añadidos, una herramienta fundamental para que los consumidores tomen decisiones conscientes.

A menudo, el azúcar se esconde en productos que no se perciben como dulces: yogures, aderezos, salsas, panes o jugos envasados. Identificarlos permite hacer ajustes simples pero efectivos, como elegir versiones sin azúcar añadido o preparar opciones caseras.

También es útil reconsiderar cuándo vale la pena consumir azúcar. Un postre en una celebración puede formar parte de una alimentación equilibrada, pero un consumo diario y desatendido de bebidas azucaradas puede ser un hábito perjudicial sin justificación nutricional.

Con el tiempo, reducir la exposición cotidiana al azúcar permite recalibrar el paladar. Al hacerlo, se incrementa la sensibilidad al dulzor natural de los alimentos, lo que lleva a disfrutar más con menos.

El objetivo no es prohibir, sino gestionar. Optar por alimentos integrales y minimizar los ultraprocesados es una estrategia efectiva para cualquier persona, aunque en casos como la diabetes o el sobrepeso, debe hacerse con acompañamiento profesional.

Como concluye la especialista Ansel, “la moderación es más poderosa que la restricción extrema”. En definitiva, convivir con el azúcar de forma saludable implica decisión, pero no sacrificio absoluto.