Un equipo de científicos de la Universidad de Lausana, en Suiza, y de la Universidad Médica SUNY Upstate, en Estados Unidos, presentó un nuevo concepto denominado “criticoma”, que podría cambiar la forma en que se entiende el desarrollo cerebral y la salud mental desde las primeras etapas de la vida.
Según el estudio, publicado en la revista Brain Health, el criticoma reúne todas las experiencias que el cerebro incorpora durante los llamados períodos críticos de plasticidad, una etapa que abarca desde antes del nacimiento hasta aproximadamente los 25 años.
Los investigadores sostienen que estas experiencias sensoriales, sociales, emocionales y culturales moldean de manera decisiva la arquitectura cerebral adulta. Por ello, aquello que el cerebro no logra incorporar correctamente durante estas etapas podría ser difícil o incluso imposible de recuperar más adelante.
Uno de los puntos que más preocupa a los autores es la creciente exposición de niños y adolescentes a las pantallas. El trabajo plantea que el entorno digital actual podría estar influyendo de manera profunda en la formación de circuitos cerebrales esenciales para el aprendizaje, las relaciones sociales y la regulación emocional.
La investigación también propone una nueva mirada sobre trastornos como el autismo, la esquizofrenia, la depresión y los efectos del trauma. En lugar de considerarlos únicamente como enfermedades que aparecen en la adultez, los científicos sugieren analizarlos como alteraciones del desarrollo vinculadas a experiencias ocurridas durante etapas críticas de maduración cerebral.
De acuerdo con los especialistas, durante la infancia y la adolescencia el cerebro atraviesa procesos complejos de reorganización. Entre ellos se encuentra la llamada poda sináptica, mediante la cual elimina conexiones neuronales innecesarias para fortalecer las más importantes. Según el estudio, hasta la mitad de las conexiones corticales pueden desaparecer durante este proceso.
Los autores identificaron seis mecanismos biológicos fundamentales que sustentan el criticoma, entre ellos la mielinización progresiva, la regulación epigenética dependiente de la experiencia y la poda sináptica. Estos procesos serían determinantes para la construcción de la cognición, la personalidad y la salud mental en la vida adulta.
Aunque aclaran que el criticoma no es una herramienta de diagnóstico ni de medición, los investigadores consideran que ofrece un marco útil para comprender cómo las experiencias tempranas dejan huellas duraderas en el cerebro.
La conclusión es clara: la infancia y la adolescencia podrían ser mucho más determinantes de lo que se creía hasta ahora, especialmente en una era donde las pantallas forman parte de la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas.
Fuente: Europa Press.


