El parlamento surcoreano aprobó este jueves un proyecto de Ley que pone fin al requisito de que solo personas con licencia médica puedan realizar tatuajes, una restricción única entre los países industrializados.
La Ley de Tatuadores fue aprobada por unanimidad, con 195 votos a favor y ninguno en contra, estableciendo un sistema oficial de licencias y supervisión estatal para los tatuadores.
Tras la votación, decenas de artistas de tatuaje reunidos en la Asamblea celebraron emocionados, abrazándose y llorando de alegría al conocer la noticia.
La Ley entrará en vigor tras un período de gracia de dos años desde su promulgación por el presidente Lee Jae Myung, quien ha mostrado su respaldo junto al Ministerio de Salud.
Esta aprobación refleja un cambio cultural: los tatuajes, antes asociados con delincuencia y gánsteres, son hoy símbolos de autoexpresión, impulsados por celebridades del K-pop y otras figuras públicas.
Las restricciones actuales se remontan a 1992, cuando la Corte Suprema clasificó los tatuajes cosméticos como procedimientos médicos, citando riesgos de salud por agujas y tintas.
Sin embargo, las normas rara vez se aplicaban con rigor, permitiendo que muchos tatuadores trabajaran de manera informal, fuera del control legal.
Encuestas recientes muestran que la mayoría de los surcoreanos con tatuajes no los realizan en hospitales: sólo el 6,8% de los tatuajes cosméticos y el 1,4% de los comunes se hicieron en entornos médicos.
El texto legal busca cerrar la brecha entre la legislación y la realidad, regulando higiene, seguridad y alcance del trabajo de los tatuadores, otorgándoles reconocimiento profesional.
Park Jumin, presidente del comité de salud de la Asamblea, destacó que la ley garantizará procedimientos seguros y legitimó a los artistas del tatuaje en sus campos.
La norma representa una victoria histórica para los tatuadores surcoreanos, quienes enfrentaban hasta cinco años de prisión y multas de 50 millones de wones si eran descubiertos trabajando ilegalmente.
Durante años, muchos tatuadores operaron de manera clandestina, con estudios sin letreros y puertas cerradas, mientras algunos se trasladaban al extranjero por la imposibilidad de ejercer libremente en Corea del Sur.


