El Partido Liberal de Canadá obtuvo una sorpresiva victoria en las elecciones federales celebradas este lunes, consolidando un nuevo mandato bajo el liderazgo de Mark Carney, quien apenas semanas atrás era un recién llegado al mundo político.
De acuerdo con las proyecciones de la emisora pública CBC, los liberales consiguieron el respaldo suficiente en el Parlamento para formar gobierno. Aún se desconoce si alcanzarán la mayoría absoluta, pero los resultados ya garantizan su permanencia en el poder.
Los primeros datos del escrutinio, provenientes de las provincias del Atlántico, Quebec y Ontario, mostraron una clara ventaja para el oficialismo. En la sede de campaña liberal en Ottawa, cada avance era celebrado con entusiasmo por los simpatizantes.
Si los liberales no logran una mayoría parlamentaria, Carney tendrá que recurrir nuevamente a alianzas con otras fuerzas políticas, como sucedió en la legislatura anterior mediante acuerdos informales con el Nuevo Partido Democrático.
El ascenso de Carney marca una recuperación notable para un partido que, al cierre de 2024, enfrentaba un panorama electoral sombrío. Tras casi una década en el poder, la figura de Justin Trudeau se había desgastado, generando tensiones internas y una pérdida de respaldo popular.

La percepción de derrota era tan fuerte que, en diciembre pasado, dirigentes liberales apenas aspiran a limitar el avance de los conservadores. La victoria, por tanto, representa un giro inesperado.
Ese cambio se vio influido por una intervención externa: declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien sugirió anexar Canadá como el “estado 51” y descalificó a Trudeau como “gobernador”.
Las palabras de Trump desataron una ola de reacciones nacionalistas en Canadá, alterando radicalmente el rumbo de la campaña y favoreciendo a un liderazgo con perfil técnico como el de Carney.
Para el encuestador David Coletto, el cambio en la opinión pública fue inédito. “Nunca había visto una reconfiguración tan drástica en tan poco tiempo. La combinación de un Trudeau debilitado y la amenaza externa fue determinante”, explicó.
Los conservadores, liderados por Pierre Poilievre, sufrieron una derrota amarga tras mantener una ventaja sostenida durante dos años. La irrupción de Carney en la campaña y el contexto internacional les restaron el impulso esperado.
Carney asumió como primer ministro apenas nueve días antes de convocar los comicios, lo que convertía la apuesta en un riesgo personal considerable. De haber perdido, habría pasado a la historia como el primer ministro más efímero del país.
En cambio, se ganó la confianza de una parte significativa del electorado. “Carney respondió al momento. No es un político tradicional, pero eso fue justamente lo que lo hizo creíble”, señaló un voluntario de la campaña.
Otro dato destacable de la elección fue la concentración del voto: por primera vez en casi siete décadas, liberales y conservadores reunieron más del 80% del apoyo ciudadano, relegando a fuerzas menores como el NPD y el Bloque Quebequés.


