El gobierno de Canadá anunció este domingo que eliminará el Impuesto a los Servicios Digitales (DST), una medida que había sido fuertemente cuestionada por Estados Unidos y que tensó al límite las relaciones comerciales entre ambos países. La decisión llega tras la suspensión unilateral de las negociaciones bilaterales por parte del presidente Donald Trump, quien había advertido sobre represalias económicas inmediatas si Ottawa no daba marcha atrás.
El anuncio fue realizado por el ministro de Finanzas, François-Philippe Champagne, y confirmado por el primer ministro Mark Carney. A través de un comunicado oficial, el gobierno canadiense informó que la eliminación del impuesto responde al objetivo de allanar el camino hacia un “acuerdo comercial integral y mutuamente beneficioso” con su principal socio económico.
El impuesto, aprobado por el Parlamento en 2023, imponía una tasa del 3 % a las ganancias digitales que superaran los 20 millones de dólares canadienses, generadas por empresas extranjeras en territorio nacional. Aunque su entrada en vigor estaba prevista para el 30 de junio de 2025 con efecto retroactivo desde 2022, nunca llegó a aplicarse plenamente.
La medida fue concebida como una herramienta para compensar la falta de tributación proporcional por parte de grandes plataformas digitales que operan intensamente en el país sin establecer presencia física. Sin embargo, su implementación coincidió con el endurecimiento del discurso comercial de la Casa Blanca, generando un conflicto inmediato.
El retiro del impuesto ocurre apenas dos días después de que Trump suspendiera las conversaciones bilaterales y amenazara con un nuevo régimen arancelario contra productos canadienses. Desde su retorno a la presidencia, el líder republicano ha reinstalado políticas proteccionistas que incluyen tarifas elevadas sobre importaciones clave como acero, aluminio y vehículos.
Canadá, consciente de su alta exposición al mercado estadounidense, priorizó la contención del conflicto. “Siempre hemos buscado una solución multilateral al problema de la tributación digital, pero las circunstancias actuales requieren pragmatismo”, señaló el comunicado del Departamento de Finanzas. La tensión venía en aumento desde el inicio del año, en parte por los cambios en la política exterior de EE.UU. y su renovado foco en la industria nacional.
Organizaciones empresariales estadounidenses, como la Computer & Communications Industry Association (CCIA), habían advertido que gigantes como Google, Amazon y Meta se verían obligados a pagar sumas multimillonarias por el nuevo tributo canadiense. El rechazo oficial de Washington también se expresó mediante solicitudes formales al amparo del T-MEC, tratado que regula las relaciones comerciales en América del Norte.
Fuentes vinculadas a las negociaciones señalaron que los equipos técnicos de ambos países ya retomaron contactos tras la Cumbre del G7 celebrada en Kananaskis, Canadá. Allí, Trump y Carney acordaron reabrir el diálogo con una meta clara: alcanzar un nuevo acuerdo comercial antes del 21 de julio de 2025.
Para Ottawa, el DST no solo era un símbolo de justicia fiscal en la economía digital, sino también una fuente potencial de ingresos significativa: se estimaba una recaudación de 5.900 millones de dólares canadienses en cinco años. Su eliminación no es una decisión menor y representa una concesión sustancial en un contexto diplomático delicado.
Sin embargo, desde el entorno de Carney se insiste en que preservar el acceso preferencial al mercado estadounidense es prioritario. Canadá continúa siendo el principal proveedor externo de acero y aluminio a EE.UU., y esos sectores enfrentan hoy un nuevo panorama de aranceles unilaterales impulsados por la administración Trump.
El movimiento canadiense puede ser leído como una jugada preventiva para evitar una escalada comercial que ponga en riesgo otros sectores económicos estratégicos. Al desactivar el impuesto, Ottawa intenta restablecer canales de cooperación y evitar una fragmentación mayor del marco comercial regional.


