El gobierno de Brasil avanza en las conversaciones con China para desarrollar un ambicioso proyecto ferroviario que conectará ambos países con salida al océano Atlántico, a través del estado de Bahía. La propuesta forma parte de un plan mayor de integración regional que busca mejorar la infraestructura logística del país y reducir la presión sobre sus actuales corredores de exportación.
La ministra de Planificación y Presupuesto de Brasil, Simone Tebet, confirmó que el trazado del proyecto atravesaría el estado de Acre, fronterizo con Bolivia, como parte de una ruta estratégica que permitiría conectar con la costa atlántica sin comprometer zonas ecológicamente sensibles.
En una entrevista concedida a la revista Carta Capital, Tebet explicó que China inicialmente propuso un trayecto más corto, con conexión hacia el puerto de Chancay, en Perú. Sin embargo, dicho plan implicaba atravesar reservas ambientales y tierras indígenas en la Amazonía brasileña, lo que generó reparos inmediatos por parte del gobierno de Lula.
“Ellos entendieron nuestras objeciones”, dijo Tebet, al subrayar que el respeto a las comunidades tradicionales y la protección del medio ambiente son principios irrenunciables para la actual administración. La funcionaria añadió que existen alternativas viables que permiten desarrollar el proyecto sin violar esos principios.
Tebet se mostró confiada en que la visita de Estado del presidente Lula da Silva a China, prevista para los próximos días, permitirá avanzar en la negociación del trazado definitivo y despejar las dudas sobre el financiamiento del proyecto. “Estoy muy optimista”, afirmó.
El interés de China por el proyecto es palpable. Según Tebet, el gigante asiático no solo ve con buenos ojos esta iniciativa, sino que también evalúa participar en otros proyectos de integración regional promovidos por Brasil, que incluyen corredores viales y otras formas de conexión transfronteriza.
China es el principal socio comercial de Brasil, con un fuerte interés en los productos agropecuarios, minerales y energéticos que exporta la nación sudamericana. Un nuevo corredor ferroviario que mejore los tiempos de transporte y diversifique las rutas de salida resulta estratégico para ambos países.
Sin embargo, no todos los sectores económicos brasileños observan el proyecto con el mismo entusiasmo. Exportadores de soja y otros productos agrícolas han manifestado preocupación por la concentración del comercio exterior en el puerto de Santos, en São Paulo, que gestiona cerca de un tercio de las exportaciones nacionales.
Este cuello de botella logístico representa un desafío persistente para la competitividad de Brasil. Un nuevo corredor bioceánico podría aliviar parte de esa presión, siempre y cuando se construya bajo criterios sostenibles y con participación activa de las comunidades involucradas.
En paralelo, Lula da Silva se encuentra en Rusia para participar en los actos conmemorativos del 80 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, una muestra de su renovado protagonismo en la escena internacional. Su gira continuará con una visita oficial a China a partir del próximo domingo.
Durante su estadía en Pekín, Lula participará en una reunión ministerial del Foro CELAC–China, un espacio clave para definir la hoja de ruta hacia una cumbre que se celebrará este año en Colombia. Se espera que el proyecto ferroviario y otras iniciativas de cooperación estratégica sean parte central del diálogo.
Brasil enfrenta el reto de impulsar su desarrollo económico sin renunciar a sus compromisos ambientales. El proyecto ferroviario con China ilustra esa tensión: por un lado, la necesidad de mejorar la infraestructura y diversificar el comercio; por otro, la defensa firme de sus ecosistemas y derechos indígenas. El desenlace dependerá de una negociación equilibrada y de una visión de largo plazo.


