Voló a casi 5.000 metros en una silla sostenida por globos de helio

Hace 44 años, Larry Walters desafió toda lógica al despegar con una silla de jardín sostenida por 42 globos de helio. Sobrevoló el espacio aéreo de Los Ángeles sin licencia, provocó un apagón y protagonizó una de las historias más insólitas de la aviación.

El 2 de julio de 1982, Larry Walters, un camionero estadounidense de 33 años, cumplió el sueño que había perseguido durante más de una década: volar. Lo hizo sentado en una silla de jardín de aluminio atada a 42 globos meteorológicos inflados con helio. Lo que debía ser un breve paseo terminó convirtiéndose en una aventura que lo llevó hasta los 4.880 metros de altura, cruzó el espacio aéreo de Los Ángeles y acabó con una multa por violar normas de aviación.

Walters despegó desde el patio de la casa de su novia en San Pedro, California. Su plan era elevarse unos pocos metros y dejarse llevar por el viento hasta el desierto de Mojave. Sin embargo, las cuerdas que sujetaban la silla se rompieron antes de tiempo y el improvisado artefacto salió disparado hacia el cielo.

Durante casi una hora y media permaneció suspendido sobre la ciudad. Pilotos de aviones comerciales alertaron a los controladores aéreos al ver a un hombre flotando entre globos a miles de metros de altura, en una zona restringida cercana al aeropuerto internacional de Los Ángeles.

Para descender, Walters comenzó a pinchar los globos con una pistola de aire comprimido, pero el arma cayó al vacío tras una ráfaga de viento. Sin poder controlar la bajada, terminó enredado en cables de alta tensión en Long Beach, provocando un apagón de unos 20 minutos. Aun así, logró salir ileso.

La Administración Federal de Aviación (FAA) abrió una investigación y lo sancionó por realizar un vuelo sin autorización y sin mantener comunicación con la torre de control. La multa inicial de 4.000 dólares fue reducida posteriormente a 1.500 dólares tras una apelación.

La historia convirtió a Walters, conocido como “Lawnchair Larry”, en una celebridad. Participó en programas de televisión y protagonizó campañas publicitarias, aunque nunca logró transformar esa fama en una carrera estable.

Décadas después, su silla de jardín fue donada al Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian, donde permanece como uno de los objetos más curiosos de la historia de la aviación. Su vuelo sigue siendo recordado como una mezcla de ingenio, imprudencia y uno de los desafíos más insólitos jamás protagonizados por un civil.