La ballena jorobada que permaneció atrapada durante 21 días en la costa alemana del Mar Báltico logró retomar el nado este lunes. El ejemplar, de más de 12 metros de largo, aprovechó un incremento de 70 centímetros en el nivel del agua para zafarse del banco de arena que amenazaba con convertirse en su tumba.
Pese a este avance, el panorama no es del todo optimista. El cetáceo muestra un comportamiento errático ya que cambia de dirección constantemente y realiza pausas frecuentes debido al agotamiento extremo.
Una cruzada privada contra la resignación
El rescate del animal cobró fuerza el pasado jueves gracias a una iniciativa privada impulsada por dos empresarios, quienes se negaron a aceptar el dictamen de las autoridades estatales. A principios de abril, el gobierno local había anunciado el cese de las labores de salvamento para “dejar morir en paz” al animal.
La estrategia de los voluntarios incluyó:
- Logística de emergencia: El uso de colchonetas de aire para elevar el cuerpo de 12 toneladas.
- Plan de traslado: Una lona especial y dos pontones para escoltar al animal hacia el Mar del Norte o el Atlántico.
- Apoyo experto: La participación del reconocido ambientalista y escritor peruano Sergio Bambarén, quien viajó desde Tenerife para colaborar en el cuidado del ejemplar.
El “Plan B” en marcha
El ministro de Medio Ambiente de Mecklemburgo-Antepomerania, Till Backhaus, calificó el momento como una “alegría cautelosa”. Según el funcionario, la prioridad ahora es el acompañamiento. “La esperanza es lo último que se pierde; a veces las cosas se resuelven solas”, declaró ante los medios locales, sugiriendo que la ballena podría no necesitar el traslado forzoso si continúa nadando.
Actualmente, embarcaciones de la Sociedad Alemana de Salvamento Acuático (DLRG) ejecutan un protocolo de guía. El objetivo es conducir a la ballena hacia aguas profundas y evitar que vuelva a encallar, un incidente que ya ocurrió a finales de marzo tras un primer intento de liberación en la bahía de Lübeck.
Un paciente grave en el océano
Los informes veterinarios mantienen el código rojo porque la ballena padece una enfermedad grave que debilita sus movimientos. Aunque el cetáceo “muestra actividad una y otra vez”, su estado sigue siendo crítico. La comunidad científica y los rescatistas privados vigilan minuto a minuto su trayectoria, con la meta final de que alcance el Atlántico, su hábitat natural, antes de que sus fuerzas se agoten definitivamente.
Fuente: EFE


