El Capitolio Nacional abrió sus puertas este martes para recibir a quienes quieran rendir homenaje al senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, fallecido el lunes tras dos meses de agonía por las heridas de un atentado.
Desde temprano, decenas de ciudadanos comenzaron a hacer fila en la Plaza de Bolívar, con el objetivo de acceder al Salón Elíptico del Capitolio, donde se encuentra su féretro para la velación pública.
Los asistentes, limitados a grupos de 15 personas por vez, pasan por controles de seguridad antes de llegar al ataúd, que está cubierto con la bandera de Colombia y custodiado por soldados del Batallón Guardia Presidencial.
En medio del silencio, algunos visitantes depositan flores blancas, otros se santiguan o pronuncian oraciones. Muchos recuerdan la imagen del joven político, abogado de la Universidad de los Andes y con estudios de posgrado en Harvard, que se destacó como el senador más votado del Centro Democrático en 2022.
La conmoción es palpable en la plaza. Ciudadanos como Rosa Méndez, que esperaban turno para ingresar, aseguran haber ido al homenaje porque “era un hombre joven que quería trabajar por Colombia” y expresan su deseo de que “este crimen no quede impune”.
La apertura pública sigue a una ceremonia privada realizada el día anterior, en la que participaron figuras como los expresidentes Juan Manuel Santos y César Gaviria, el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, y dirigentes de diversos partidos políticos. El féretro estará en el Capitolio hasta el mediodía del miércoles, cuando será trasladado a la Catedral Primada de Bogotá para realizar misa exequial en honor al senador.

Las exequias en la iglesia no solo despedirán a Uribe Turbay, sino que reunirán los ecos simbólicos del pasado: allí reposaron los restos de su abuelo, expresidente Julio César Turbay, y de su madre, Diana Turbay, asesinada en 1991 por narcotraficantes.
El atentado contra Uribe Turbay ocurrió el 7 de junio en un mitin en Bogotá; recibió disparos en la cabeza y la pierna izquierda. Tras 64 días de lucha por su vida, falleció el lunes en la Fundación Santa Fe.
La reacción del Gobierno fue rápida aunque criticada por tardía: decretó un día de duelo nacional y ordenó izar la bandera a media asta en la Casa de Nariño, dependencias estatales y embajadas del país.
El decreto, firmado por el ministro del Interior, Armando Benedetti, fue el primer gesto oficial de reconocimiento y acompañamiento a la familia. Benedetti también acudió al Capitolio para expresar sus condolencias personalmente.


