Sonarse el cuello es una costumbre habitual para quienes buscan aliviar la tensión acumulada por el estrés, las malas posturas o las largas horas frente a pantallas. Aunque el sonido puede generar una sensación inmediata de alivio, los expertos aseguran que detrás de ese chasquido hay procesos biológicos específicos y algunos riesgos que vale la pena conocer.
Según especialistas de la Cleveland Clinic y otros centros médicos, el ruido se produce principalmente por un fenómeno conocido como cavitación. Al mover las articulaciones cervicales, la presión dentro del líquido sinovial cambia de forma repentina y genera pequeñas burbujas de gas que colapsan, provocando el característico crujido.
En otros casos, el sonido puede originarse por el desplazamiento de tendones, ligamentos o tejidos sobre estructuras óseas. Ninguno de estos mecanismos implica, por sí solo, que exista una lesión o daño inmediato.
El hábito suele aparecer cuando existe rigidez cervical causada por el uso prolongado de computadoras y celulares, el sedentarismo o situaciones de estrés. La tensión muscular acumulada genera una sensación de presión que muchas personas intentan aliviar mediante estos movimientos.
Los especialistas coinciden en que realizarlo de manera ocasional y sin dolor generalmente no representa un problema para personas sanas. Sin embargo, advierten que hacerlo de forma repetitiva, compulsiva o aplicando demasiada fuerza puede provocar consecuencias negativas.
Entre los riesgos más frecuentes se encuentran distensiones musculares, mayor inestabilidad en las articulaciones y un desgaste progresivo de los ligamentos del cuello. En situaciones poco comunes, una maniobra brusca podría incluso afectar nervios o vasos sanguíneos de la zona.
Los expertos también señalan que el alivio que se experimenta después del crujido es temporal. Parte de esa sensación placentera se debe a la liberación de endorfinas y al efecto psicológico de percibir que la tensión desapareció.
La evidencia científica actual indica que el problema no está en el sonido en sí, sino en la frecuencia y la intensidad con la que se realiza el movimiento. Por eso, si la necesidad de crujirse el cuello es constante o existe dolor persistente, lo recomendable es consultar con un profesional de la salud para identificar la causa de fondo.
Los especialistas sugieren alternativas más seguras para reducir la tensión cervical, como realizar pausas activas, mejorar la postura, practicar estiramientos y mantener actividad física regular. En la mayoría de los casos, estas medidas ayudan a disminuir la rigidez sin necesidad de recurrir al crujido frecuente de las articulaciones.


