El accidente del funicular de Gloria en Lisboa, ocurrido el 3 de septiembre y que costó la vida a 16 personas, se originó por la rotura de un cable que no cumplía con la normativa de transporte de pasajeros ni con los requisitos de la Companhia Carris de Ferro de Lisboa (CCFL).
Así lo indica el informe preliminar del Gabinete de Prevención e Investigación de Accidentes de Aeronaves y Accidentes Ferroviarios (GPIAAF), responsable de la investigación del siniestro.
Aunque el documento no determina la causa exacta de la rotura del cable, instalado por debajo de los raíles entre las dos cabinas, sí detalla múltiples irregularidades en su instalación y uso.
El cable no se ajustaba a las especificaciones exigidas por la empresa que operaba el funicular, conocido también como Ascensor de Gloria, y carecía de certificación para el transporte de personas.
Además, los técnicos señalan que el cable «no era apto» para el sistema de pivotes en los extremos, utilizado tanto en Gloria como en el funicular de Lavra, otro ascensor turístico de la ciudad.
El GPIAAF advirtió que la utilización repetida de este tipo de cables sin cumplir los requisitos se debió a «varios fallos acumulados en los procesos de adquisición, aceptación y aplicación» de la CCFL, evidenciando deficiencias en los controles internos.
Pese a estas irregularidades, cables similares habían sido utilizados durante 601 días en los funiculares de Gloria y Lavra «sin incidentes», por lo que aún no se puede afirmar si estas disconformidades fueron determinantes en el accidente.
En cuanto al mantenimiento, el informe señala que la zona donde se rompió el cable no podía inspeccionarse visualmente sin desmontar parte de la instalación, y que hay evidencias de que algunas tareas registradas como realizadas no se ejecutaron correctamente.
La CCFL aseguró haber aumentado los gastos de mantenimiento tras el accidente, pero los hallazgos del GPIAAF dejan en evidencia vacíos en los procedimientos de control y seguimiento.
Los técnicos confirmaron que el sistema de emergencia funcionó correctamente, cortando la energía eléctrica, aunque el frenado de la cabina no se activó como debería, ni con la intervención automática ni manual del guardafrenos.
La tragedia dejó 16 fallecidos, cinco portugueses y el resto turistas extranjeros. El funicular, inaugurado en 1885 y que conectaba la plaza de los Restauradores con el Bairro Alto y el mirador de São Pedro de Alcântara, fue desmantelado tras el accidente.
Otros ascensores turísticos de la ciudad han suspendido sus operaciones, mientras Lisboa y las autoridades enfrentan el desafío de garantizar seguridad en un sistema histórico pero crítico para el transporte y el turismo.


