¿En qué momento llegó julio? ¿Cómo pasó tan rápido el año? Esa sensación de que el tiempo se acelera tiene una explicación científica. Según especialistas de INECO, el cerebro no mide el tiempo como un reloj, sino a partir de la cantidad y la calidad de los recuerdos que construye. Cuando predominan la rutina y el estrés, registra menos experiencias y da la impresión de que los días “desaparecen”.
Los expertos señalan que las experiencias nuevas obligan al cerebro a prestar más atención y generan recuerdos más intensos. Por eso, un viaje, un cambio importante o el nacimiento de un hijo suelen sentirse mucho más largos que varios meses de rutina.
Otro factor es vivir en “piloto automático”. La multitarea, las preocupaciones constantes y la costumbre de pensar siempre en lo que viene impiden disfrutar el presente. Como consecuencia, el cerebro almacena menos información significativa y, al mirar hacia atrás, el tiempo parece haber pasado demasiado rápido.
Para cambiar esa percepción, los especialistas recomiendan incorporar pequeños cambios en la vida cotidiana. Modificar un recorrido habitual, aprender algo nuevo, planificar actividades diferentes, evitar la multitarea, reducir las interrupciones, dormir bien y dedicar algunos minutos al día para prestar atención al momento presente ayudan a generar recuerdos más ricos.
También destacan la importancia de hacer pausas y reconocer los propios límites. El estrés permanente y la sensación de que siempre hay algo pendiente favorecen que el cerebro priorice resolver problemas antes que registrar lo que está viviendo.
Los especialistas aclaran que el objetivo no es hacer que el tiempo transcurra más despacio, sino vivir con mayor presencia. Cuantas más experiencias significativas y conscientes acumulen el cerebro, mayor será la sensación de haber aprovechado el tiempo y disfrutado cada etapa de la vida.


