Durante miles de años, las mujeres dieron a luz en posiciones verticales: de rodillas, en cuclillas o usando sillas especiales. La ciencia confirma que estar en cuclillas ayuda a que la pelvis se abra más y permite que la gravedad haga su trabajo, facilitando la salida del bebé. Sin embargo, hoy lo normal es ver a las madres acostadas boca arriba, una postura que los expertos consideran poco lógica y que convierte un proceso natural en un acto médico.
¿De quién fue la idea?
Todo empezó hace unos 300 años con un médico francés llamado François Mauriceau. Él impuso la moda de que las mujeres parieran en la cama porque supuestamente decía que era “más cómodo”, pero en realidad era más práctico para los médicos varones que empezaban a reemplazar a las parteras.
Incluso se dice que al rey Luis XIV de Francia le encantaba observar los nacimientos de sus hijos, y como el taburete de parto le tapaba la visión, promovió que las mujeres se acostaran para que él pudiera ver todo sin obstáculos.
Lo que dice la ciencia
Los estudios son claros: parir en posiciones erguidas tiene muchísimas ventajas. Ayuda a que las contracciones sean más efectivas, reduce el dolor de la madre y disminuye el riesgo de terminar en una cesárea o de necesitar fórceps. Además, el bebé recibe mejor oxígeno porque el peso del útero no aplasta las venas principales de la madre.
Eso sí, una revisión de estudios del 2013 señala que hay que investigar más en grupos de riesgo, ya que en posiciones verticales se observó un pequeño aumento en la pérdida de sangre en algunos casos.
Hoy en día, muchos países están tratando de volver al “parto activo”, donde la mujer puede moverse libremente y elegir la posición que le dicte su instinto, en lugar de estar atada a una cama.
Fuente: BBC Mundo.


