Rodrigo Paz encara la segunda vuelta electoral en Bolivia con la convicción de que una eventual victoria el 19 de octubre representará un quiebre en la historia política del país. Según el candidato, quedará atrás la influencia de Evo Morales y Luis Arce, a quienes responsabiliza de haber sometido a Bolivia a intereses de potencias como China, Irán y Rusia.
La crisis económica atraviesa el corazón de su campaña. Paz advierte que Bolivia, un país históricamente rico en recursos energéticos, vive una situación sin precedentes, con desabastecimiento y déficit fiscal. Ante este panorama, prometió medidas inmediatas para asegurar la provisión de combustible y reformar el sistema de subsidios.
“Habrá combustible inmediato para toda Bolivia, y voy a plantear una reforma a los combustibles que sea sostenida y bien focalizada”, expresó Paz en diálogo con Infobae, en un mensaje que busca tranquilidad para transportistas y consumidores.
El gobierno de Luis Arce, sostiene Paz, deja a miles de camioneros al margen, con un impacto directo en el abastecimiento diario. Ese argumento lo catapultó en primera vuelta, donde dio la sorpresa al encabezar el conteo de votos con un discurso centrado en las necesidades básicas de la población.
Pero su visión no se limita al plano interno. Durante una visita a Washington, el candidato se reunió con funcionarios del Departamento de Estado, el Tesoro y el Congreso, con el fin de exponer su agenda internacional. Asegura que Bolivia es un tema de preocupación para Estados Unidos y que, de ganar, modificará la política exterior heredada de Morales y Arce.
“Mi relación con Donald Trump será cordial y esperemos que cercana, siempre buscando que cualquier vínculo sea lo mejor para Bolivia”, afirmó el postulante, marcando distancia del alineamiento ideológico previo y abriendo la puerta a un nuevo esquema diplomático.
En lo económico, delineó tres medidas urgentes: garantizar combustible desde el primer día, reducir el déficit fiscal entre tres y cuatro puntos y unificar el tipo de cambio con respaldo en las reservas internacionales.
Al ser consultado sobre el impacto de sus propuestas, aseguró que su plan no será un ajuste clásico, sino un modelo de “capitalismo con sensibilidad social”, diseñado para sostener la gobernabilidad y garantizar la unidad nacional.
Respecto a la corrupción y los vínculos con el narcotráfico durante dos décadas de hegemonía política, prometió “justicia para todos” sin amnistías ni salvoconductos, respetando las decisiones de los tribunales.
Paz también anticipó que trabajará con la oposición, destacando que gran parte de sus referentes lo acompañaron en el viaje a Estados Unidos. En cuanto a Morales y Arce, recordó que su fuerza política quedará reducida a ocho diputados de 130, por lo que “ellos deberán replantear su rol en el nuevo escenario”.
Sobre la región, advirtió que América Latina atraviesa un momento crítico, con especial atención en la crisis venezolana. Dijo que no tendrá relación con el gobierno de Nicolás Maduro, aunque sí con el pueblo de Venezuela, especialmente cuando exista una administración legítima.
En este contexto, apoyó la decisión de Donald Trump de enfrentar a los cárteles de la droga en Venezuela, como el Cartel de los Soles, al considerar que “el narcotráfico es un flagelo que trasciende fronteras y debe combatirse con firmeza”.
Finalmente, aseguró que su política exterior se basará en la diplomacia y no en la ideología, buscando abrir a Bolivia al mundo y dejar atrás los años de aislamiento geopolítico.


