El Palacio de Buckingham anunció una decisión sin precedentes: el rey Carlos III ha ordenado retirar oficialmente todos los títulos, honores y privilegios al príncipe Andrés, su hermano menor, tras la reactivación de las acusaciones que lo vinculan con el pederasta condenado Jeffrey Epstein.
La institución comunicó la medida a través de un mensaje difundido por la BBC, donde se detalla que “Su Majestad ha iniciado hoy un proceso formal para retirar el título, los honores y el tratamiento de Príncipe Andrés”. La decisión marca un punto de inflexión en la historia reciente de la monarquía británica.
Además de perder su condición de alteza real, el príncipe deberá abandonar Royal Lodge, la lujosa residencia ubicada en Windsor donde vivía junto a su exesposa, Sarah Ferguson. “Se le ha notificado formalmente la rescisión del contrato y deberá trasladarse a otra vivienda privada”, precisa el comunicado oficial.
Buckingham justificó la resolución afirmando que, aunque Andrés continúa negando las acusaciones, “estas medidas se consideran necesarias”. Asimismo, el mensaje añadió que el rey y la reina “mantienen su más profundo pesar y solidaridad con las víctimas de cualquier forma de abuso”.
Según informó la cadena pública británica, el príncipe se trasladará a una propiedad en la finca privada de Sandringham, en Norfolk, un espacio perteneciente al patrimonio del monarca. El cambio de residencia será financiado con fondos personales del rey Carlos III, sin recurrir a dinero público.
La decisión se produce en medio de una nueva oleada de tensiones internas en la Casa Real. Las memorias póstumas de Virginia Giuffre, víctima de la red de Epstein, volvieron a situar al príncipe Andrés en el centro del escándalo, pese al acuerdo extrajudicial que alcanzó con ella en 2022.
El Congreso de Estados Unidos reabrió recientemente la investigación sobre el caso y evalúa citar al duque —título que ya renunció— a declarar. Su decisión de abandonar el título de duque de York no logró mitigar la indignación pública ni detener la presión mediática sobre la monarquía.
Durante una visita reciente del rey a la catedral de Lichfield, manifestantes lo increparon con gritos como “¿Desde cuándo sabías lo de Andrés y Epstein?”. Aunque el monarca mantuvo la compostura, la escena reflejó el creciente malestar ciudadano frente a la imagen de la familia real.
A esto se suman las críticas por la residencia de Andrés y Ferguson en Royal Lodge, donde vivían sin pagar alquiler bajo un contrato conocido como peppercorn rent, que les otorgaba derecho a permanecer allí hasta 2078. El rey había intentado persuadirlo para que se mudara a Frogmore Cottage, la antigua vivienda de los duques de Sussex, sin éxito.
The Times reveló que, de abandonar Royal Lodge, Andrés podría recibir una indemnización de hasta 650.000 euros, lo que habría entorpecido las negociaciones. Este punto generó un nuevo foco de indignación pública y alimentó las críticas sobre el uso de fondos reales.
La situación se agravó con la difusión de correos electrónicos inéditos y fragmentos de las memorias de Giuffre, que contradicen las declaraciones del príncipe. Los documentos muestran que mantuvo contacto con Epstein semanas después de que el magnate saliera de prisión en 2010, pese a haber afirmado lo contrario.
Los mismos archivos implican también a Sarah Ferguson, quien habría recibido ayuda económica de Epstein durante más de quince años, una cifra muy superior a las 15.000 libras reconocidas públicamente. El caso, lejos de cerrarse, profundiza la crisis de credibilidad de la monarquía británica en un momento de especial sensibilidad institucional.
Fuente: Infobae


