Al menos siete personas han fallecido y 119 han sido detenidas durante los primeros cinco días de protestas en Irán, de acuerdo con la ONG pro derechos humanos Hrana, con sede en Estados Unidos.
La organización detalló que, además de los muertos, al menos 33 personas resultaron heridas en distintos incidentes durante las concentraciones ciudadanas.
Tres personas, incluido un adolescente, perdieron la vida el jueves por la noche en una concentración frente a una comisaría de la ciudad de Azna, en la provincia occidental de Lorestán, mientras que 17 más resultaron lesionadas.
Medios iraníes semioficiales como Fars y Tasnim confirmaron la cifra de muertos y heridos, pero señalaron que los enfrentamientos comenzaron cuando los manifestantes atacaron la sede policial e incendiaron patrullas.
Tasnim describió a los manifestantes como “alborotadores” que ingresaron a la comisaría con armas blancas y de fuego, lo que derivó en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad.
Por otra parte, Fars informó la muerte de dos personas más en Lordegán, en el suroeste del país, durante choques con la policía. Se indicó que los incidentes empezaron cuando grupos de manifestantes quemaron neumáticos y dañaron edificios gubernamentales, incluyendo oficinas de la Gobernación y sucursales bancarias.
Las protestas, iniciadas el domingo en Teherán, se han extendido a decenas de ciudades, entre ellas Isfahán, Kermán, Kermanshah, Hamadán y Qom.
Aunque la crisis económica fue el detonante inicial, las manifestaciones han adquirido un tono político. Entre los lemas más difundidos se incluyen expresiones contra el Gobierno, como “Muerte al dictador”, y mensajes a favor de la monarquía, como “Pahlaví volverá”, en referencia a la dinastía derrocada en 1979.
La situación económica en Irán es crítica, con una inflación anual del 42 % y un aumento interanual del 52 % entre noviembre y diciembre, mientras que la moneda local, el rial, continúa devaluándose por sanciones internacionales y problemas de gestión interna.
En este contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que Washington podría intervenir para proteger a los manifestantes si las autoridades iraníes abren fuego contra ellos.
El Gobierno iraní rechazó cualquier injerencia extranjera y advirtió que cualquier intervención tendría graves consecuencias, acusando a Estados Unidos de intentar desestabilizar la región.
Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, enfatizó en su cuenta de X que la interferencia de otros países “significaría desestabilizar toda la región y destruir los intereses de Estados Unidos”, confirmando la tensión internacional generada por las protestas.


