En un comunicado, el presidente de Paraguay, Santiago Peña, anunció este miércoles que retiraba oficialmente la candidatura de su canciller Rubén Ramírez para la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA). El mensaje dejó claro que, a pesar de los esfuerzos previos, el Paraguay no podrá continuar con su propuesta debido a la falta de apoyo de varios países clave de la región.
Peña expresó en su comunicado que, en los últimos días, Paraguay había sido informado de que naciones con las que históricamente ha compartido un espacio e historia común, decidieron modificar su compromiso inicial y no acompañar la candidatura de Ramírez. Estos cambios inesperados y la pérdida de apoyo fueron percibidos como una traición, sobre todo por parte de Brasil y Uruguay, países con los cuales Paraguay esperaba una alianza firme.

El presidente Peña también destacó que Paraguay, a lo largo de su historia, siempre ha basado sus decisiones en principios elevados y valores fundamentales, y que no los abandonará por una coyuntura electoral. “El Paraguay no renunciará a esos principios, independientemente del resultado de esta elección”, subrayó Peña en su declaración oficial.
Este giro diplomático tiene nombres y apellidos: el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el mandatario de Uruguay, Yamandú Orsi, quienes, según informaciones desde Asunción, habían prometido inicialmente su apoyo a la candidatura de Ramírez. Sin embargo, tanto Lula como Orsi optaron por cambiar su postura y decidirse por el canciller de Surinam, Albert Randim, lo que ha dejado a Paraguay en una situación diplomática delicada.
La decisión de Lula da Silva de apoyar a Randim responde a un cambio estratégico dentro de la política regional, alineándose con una agenda que contrasta con la postura de Donald Trump en América Latina. A su vez, el apoyo de Orsi a Randim refuerza una tendencia común entre varios mandatarios de izquierda, que han decidido respaldar la candidatura del canciller surinamés.
A este bloque se sumaron otros líderes de izquierda en la región, como el presidente de Chile, Gabriel Boric, y el mandatario colombiano Gustavo Petro. La decisión de estos países refleja una estrategia común para equilibrar la influencia de Estados Unidos en América Latina y promover una agenda más acorde con las realidades políticas de la región.
El respaldo a Randim por parte de Brasil, Uruguay, Chile, Colombia y Bolivia se presentó como una respuesta a los desafíos contemporáneos de América Latina. En un comunicado conjunto, estos países resaltaron la “amplia experiencia diplomática” de Randim y su capacidad para enfrentar los retos de la región, ofreciendo una perspectiva fresca que, según ellos, refleja las aspiraciones del Caribe y América Latina en su conjunto.
Por otro lado, el canciller Ramírez tiene una postura mucho más crítica hacia el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, lo que le ha alejado de algunos países de la región que han adoptado una postura más dialoguista con el gobierno venezolano, como es el caso de Randim. Esta diferencia de enfoque en la política exterior ha sido una de las claves que ha impulsado el cambio de rumbo de algunos países.
El cambio de postura por parte de Brasil, Chile, Uruguay y Colombia, así como el respaldo de Bolivia, provocó que otros países que inicialmente se mantenían indecisos, como Costa Rica, Ecuador y la República Dominicana, también se alinearan con Randim. Este cambio de apoyo fue visto como una estrategia regional para fortalecer el multilateralismo y la democracia en las Américas, en un momento de creciente polarización geopolítica.
La llegada del apoyo de países como Guatemala, México y Canadá consolidó aún más la candidatura de Randim, quien ahora cuenta con un respaldo político muy amplio. La Comunidad del Caribe (CARICOM), la mayoría de los países del Mercosur y los estados andinos también se han sumado a la causa de Randim, quien parece tener el camino despejado para asumir la Secretaría General de la OEA.
Sin embargo, la llegada de Randim al liderazgo de la OEA no estará exenta de desafíos. Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha comenzado a cuestionar el papel de la OEA en la política regional, considerando que su ciclo geopolítico podría haber llegado a su fin. Además, Trump está evaluando la posibilidad de reducir significativamente el apoyo económico a la organización.
En este contexto, la Casa Blanca aún no ha anunciado oficialmente si apoyará o se abstendrá de votar por la candidatura de Randim durante la elección programada para el próximo 10 de marzo. La postura de Estados Unidos será crucial, ya que podría afectar la legitimidad de la elección y la futura dirección de la OEA bajo el liderazgo de Randim.


