Con una postal inigualable como fondo, el Mundial de Rally en Paraguay llegó a su fin este domingo 31 de agosto. Las lluvias esporádicas no impidieron que los motores rugieron sobre la tierra roja de Itapúa, escenario vibrante de una competencia que combinó deporte, turismo y cultura. La ceremonia de premiación tuvo lugar en la emblemática Misión Jesuítica Guaraní de Trinidad, Patrimonio de la Humanidad, que aportó un entorno único a la fiesta automovilística.
El francés Sébastien Ogier, al volante de un Toyota, firmó una remontada épica para consagrarse campeón con un tiempo total de 2:50:04.8. Lo acompañaron en el podio Adrien Fourmaux (Hyundai), a +39.1 segundos, y Elfyn Evans (Toyota), a +42.4. Completaron el Top 6 Thierry Neuville, Ott Tänak y Kalle Rovanperä, quien perdió tiempo valioso tras un pinchazo el sábado. En la categoría Rally2, se destacaron Oliver Solberg y Elliott Edmondson.

El evento no solo atrajo a fanáticos del automovilismo, sino también a miles de turistas, convirtiendo a Itapúa en el centro de atención nacional e internacional. Si bien la mayoría de los visitantes provenía del interior del país, también se registró una importante afluencia desde Brasil, Argentina, Bolivia y Uruguay, según estimaciones preliminares.
El movimiento turístico fue contundente. Hoteles reportaron ocupación plena y los campings se convirtieron en la alternativa preferida de los aficionados que buscaban estar cerca de los tramos de competencia. La Secretaría de Turismo de la Gobernación de Itapúa informó que el impacto económico del evento será evaluado con apoyo académico, mediante un convenio con tres universidades locales.
Durante las jornadas del Rally, la capital departamental, Encarnación, vivió un fenómeno particular: las calles estuvieron más vacías durante el día debido a que la multitud se desplazó a los sectores de competencia. No obstante, por la tarde y noche, el flujo de personas se concentró en zonas gastronómicas, especialmente en el Paseo Gastronómico, donde los locales permanecieron repletos hasta altas horas.
Platos tradicionales como el vori vori, la sopa paraguaya y el chipa guasu se destacaron entre las elecciones del público, que también optó por comidas rápidas. La dinámica económica positiva comenzó desde el jueves, cuando se dio inicio oficial a la agenda del WRC, y se sostuvo durante todo el fin de semana.

En paralelo a la competencia, el evento dejó un legado tangible en infraestructura. El Gobierno Nacional aceleró la habilitación del Hospital General de Itapúa y realizó mejoras en el Aeropuerto Internacional Teniente Amín Ayub. También se llevaron a cabo trabajos en caminos de tierra y ripio para facilitar el paso de los vehículos de competencia.
Sin embargo, no todo fue positivo. El estado de las rutas y la escasez de vías alternativas generaron importantes complicaciones para los residentes locales. Si bien estas dificultades no afectaron el desarrollo del evento en sí, sí interfirieron en la rutina de quienes necesitaban trasladarse para trabajar o regresar a sus hogares.
El contraste entre el éxito del evento y las falencias de infraestructura pone en evidencia la necesidad de mayor previsión. La organización logró sostener el espectáculo sin incidentes mayores, pero queda claro que para futuras ediciones será clave un mayor compromiso por parte del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones en materia de conectividad vial.
El Mundial de Rally demostró que eventos de esta magnitud pueden actuar como verdaderos motores de desarrollo turístico y económico. Pero para capitalizar todo su potencial, es imprescindible resolver las barreras estructurales que persisten.
Las imágenes de Itapúa difundidas al mundo a través del deporte dejaron una marca cultural y promocional que no debe subestimarse. Ahora, el desafío será traducir ese impacto simbólico en un impulso sostenible para la región.


