El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, aterrizó en el Vaticano con una misión complicada: poner paños fríos a la tensa relación entre Washington y el papa León XIV. La visita se dio justo después de que Donald Trump tratara de “débil” al pontífice por oponerse a una posible guerra con Irán.
Rubio, que es católico, se reunió de forma privada con el Papa en un encuentro que duró unas dos horas y media. Aunque el ambiente venía caldeado por los insultos de Trump, la charla fue calificada como “cordial y constructiva”. Ambos renovaron el compromiso de llevarse bien y trabajar juntos por la paz, dejando de lado los cruces mediáticos.
El trasfondo de la pelea empezó cuando el Papa dijo que era “inaceptable” amenazar con destruir a Irán. Eso no le gustó nada a Trump, quien salió a decir que el papa es “pésimo en política exterior” y hasta se adjudicó el mérito de que lo hayan elegido hace un año en el cónclave. Ante esto, León XIV se mantuvo tranquilo y respondió que la misión de la Iglesia es predicar el Evangelio y pidió que, si lo van a criticar, lo hagan con la verdad.
Además de hablar sobre las tensiones políticas, Rubio aprovechó para tocar temas humanitarios, especialmente la ayuda para Cuba, donde el Vaticano siempre mete su cuchara como mediador. Al salir, el político estadounidense publicó una foto con un Papa sonriente en sus redes sociales, tratando de mostrar que, a pesar de los gritos de Trump, la relación diplomática sigue firme.
Con esta visita, el gobierno de EE.UU. intentó demostrar que valoran la influencia del Papa de Chicago y que, por ahora, prefieren la diplomacia antes que seguir alimentando el fuego en las redes sociales.
Vía: EFE/ÚH.


