Un tribunal popular federal de Brasil condenó este viernes a 24 años y 9 meses de prisión al ciudadano brasileño Marcelo Pinheiro Veiga, conocido como “Marcelo Piloto”, por el asesinato de la joven paraguaya Lidia Meza Burgos, ocurrido en noviembre de 2018 dentro de la Agrupación Especializada de la Policía Nacional en Asunción.
La sentencia fue dictada en Río de Janeiro por un jurado compuesto por siete ciudadanos, tras un extenso juicio en el que se analizaron pruebas recolectadas en Paraguay. Piloto ya se encuentra recluido en Brasil tras haber sido extraditado en diciembre de 2018, pocos días después del crimen.
El asesinato fue considerado por el tribunal como un acto premeditado, cuyo objetivo era evitar su entrega a la justicia brasileña, donde enfrentaba causas abiertas por narcotráfico, tráfico de armas y homicidio. Al matar a Lidia Meza, Piloto intentó generar un nuevo proceso penal en Paraguay para permanecer en el país.
La víctima, de apenas 18 años, había ingresado ese día a la celda del narcotraficante. Horas después, fue encontrada sin vida, con múltiples heridas de arma blanca. El hecho generó una fuerte conmoción pública y puso en evidencia las irregularidades dentro de la custodia policial.
La fiscala paraguaya María Irene Álvarez, quien tuvo un rol clave en la recolección y presentación de pruebas, declaró por más de siete horas ante el tribunal brasileño. “Fue un juicio complejo por tratarse de un crimen cometido en Paraguay, pero la legislación de Brasil permite, en ciertos casos, que sus tribunales juzguen delitos cometidos en el extranjero”, explicó.
La condena a Piloto representa el segundo caso en la historia reciente en que un ciudadano brasileño es sentenciado por un asesinato cometido en Paraguay. El primero fue el de Flavio Acosta Riveros, condenado a 36 años por el asesinato del periodista Pablo Medina y su asistente Antonia Almada.
Según la investigación, Marcelo Piloto ya tenía una condena firme en Brasil de 27 años por tráfico de drogas, armas y homicidios. Fue capturado en Paraguay en 2017, y se encontraba bajo arresto a la espera de ser extraditado. El crimen de Lidia Meza fue, para la Fiscalía, un intento desesperado de eludir su retorno a Brasil.
Contrario a lo que intentaba, el homicidio aceleró su expulsión, que se concretó en un fuerte operativo de seguridad. Pocos días después del crimen, Piloto fue subido a un avión militar rumbo a Río de Janeiro, donde permanece encarcelado.
Durante su intervención, la fiscala Álvarez destacó que el acusado no tenía causas pendientes en Paraguay, lo que permitió avanzar con rapidez en la extradición. “Cometió un asesinato creyendo que podría manipular el sistema judicial paraguayo y quedarse aquí. Pero la gravedad del crimen y su historial criminal lo condenaron”, afirmó.
La acusación sostuvo que el asesinato fue ejecutado de manera brutal y con plena conciencia de sus consecuencias jurídicas. “Él sabía que su extradición era inminente, y mató a Lidia para forzar una imputación local”, añadió la representante del Ministerio Público.
Con esta sentencia, Marcelo Piloto suma ahora dos condenas formales: una por narcotráfico en Brasil, y otra por homicidio agravado. Su caso simboliza la peligrosa conexión entre el crimen organizado y las falencias del sistema penitenciario regional, que permitieron a un peligroso narcotraficante operar incluso desde su celda. La familia de Lidia Meza no participó del juicio en Brasil.


