Leo XIV cumple este 8 de mayo su primer año al frente de la Iglesia católica con un pontificado enfocado en la unidad, el diálogo y la búsqueda de paz en medio de un escenario internacional marcado por guerras y tensiones políticas.
El estadounidense Robert Prevost, primer papa nacido en Estados Unidos y también con nacionalidad peruana, asumió el liderazgo de la Iglesia tras la muerte de Pope Francis y desde entonces impulsó una línea más ordenada y conciliadora para intentar reducir las divisiones internas que dejó el pontificado anterior.
Durante estos doce meses, León XIV evitó cambios bruscos, pero tomó decisiones consideradas clave dentro del Vaticano. Entre ellas, eliminó el llamado “G8” creado por Francisco y reemplazó ese modelo por reuniones periódicas con todos los cardenales para fortalecer la participación y la escucha dentro de la Iglesia.
El papa también reforzó perfiles ligados al derecho canónico y la organización institucional, manteniendo como secretario de Estado a Pietro Parolin y nombrando nuevas figuras cercanas a su visión de una Iglesia más estructurada y menos confrontativa.
En política internacional, León XIV se posicionó con fuerza a favor de la paz y protagonizó cruces indirectos con Donald Trump tras cuestionar amenazas militares de Estados Unidos contra Irán. “No tengo miedo a la Administración Trump”, declaró el pontífice luego de las tensiones con la Casa Blanca.
Además, mantuvo contactos diplomáticos con líderes como Volodymyr Zelenskyy, Vladimir Putin y la dirigente opositora venezolana María Corina Machado, mientras insistió en pedidos de alto al fuego en Gaza y Ucrania.
Otro de los ejes de su pontificado fue la inteligencia artificial y el impacto de la tecnología en la sociedad. León XIV adelantó que su primera encíclica estará dedicada a los desafíos éticos de la IA y a la defensa de la dignidad humana frente al avance tecnológico.
En temas internos, el papa reiteró su postura de “tolerancia cero” frente a los abusos sexuales en la Iglesia y mantuvo encuentros con víctimas, aunque especialistas consideran que todavía faltan reformas profundas en el sistema judicial eclesiástico.
A un año de su elección, León XIV consolidó una imagen de líder prudente, diplomático y moderado, con una fuerte apuesta por el consenso y la estabilidad dentro y fuera del Vaticano.


