El sábado 25 de enero, cuatro soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) que estuvieron cautivas en Gaza durante 477 días fueron liberadas y regresaron a su país. Estas mujeres, que trabajaban como observadoras a lo largo de la frontera entre Israel y Gaza, compartieron con los medios israelíes detalles sobre el sufrimiento y las duras condiciones que vivieron mientras estuvieron bajo custodia de Hamás.
A lo largo de su cautiverio, las cuatro soldados enfrentaron numerosas dificultades, incluidas la falta de alimentos, el aislamiento y los abusos físicos. Sin embargo, lo que más destacó durante su liberación fue la fortaleza que mostraron. A pesar de las intensas presiones psicológicas y físicas a las que fueron sometidas, las jóvenes demostraron una resiliencia notable al mantenerse unidas y fortalecer su determinación. En la ceremonia de liberación, donde Hamás había preparado un evento para dar una demostración de poder, las cuatro se mostraron firmes y decididas a no ser humilladas.
““Hubo períodos en los que no había comida, cuando las FDI atacaban cerca y era aterrador. Nos apoyábamos y nos fortalecíamos mutuamente, compartieron las soldados sobre los momentos más difíciles. Aunque fueron objeto de abusos y condiciones inhumanas, su espíritu de lucha y unidad fue evidente. Durante el evento, al ser presentadas frente a la multitud, las soldados se tomaron de las manos, sonrieron y saludaron a las cámaras, dejando claro que no se dejaron vencer por el terror que Hamás intentó imponerles.
Una de las jóvenes, al relatar su experiencia, mencionó que la ceremonia de liberación fue pensada para humillarlas, pero ellas no cedieron. “Les demostramos en el escenario que no nos inmutamos”, aseguró, y agregó con determinación: “Somos más fuertes que ellos”. La fortaleza interna que demostraron fue evidente y no se puede atribuir a un trato amable por parte de sus captores.
Según los testimonios difundidos, las condiciones que vivieron durante los 477 días de cautiverio fueron sumamente duras. Las soldados fueron retenidas en condiciones insalubres, con alimentos escasos y sin acceso a cuidados básicos. Las situaciones de abuso fueron constantes, con restricciones severas sobre su comportamiento. Por ejemplo, les prohibieron tomarse de la mano o llorar juntas, y pasaron meses sin poder ducharse.
Durante parte de su cautiverio, las jóvenes fueron mantenidas en apartamentos civiles en Gaza, donde se vieron obligadas a realizar tareas domésticas para sus captores, como cocinar y limpiar, sin recibir comida en forma constante. En ocasiones, cuando eran trasladadas, se disfrazaban de mujeres palestinas para evitar ser identificadas por las fuerzas israelíes.
Las soldados también relataron cómo los captores utilizaron tácticas psicológicas para intimidarlas, como informarlas sobre la ejecución de otros rehenes por parte de las FDI. A pesar de estas amenazas y el constante abuso, las jóvenes escuchaban con atención los medios de comunicación, incluidos programas de radio y transmisiones de Al Jazeera, para mantenerse informadas sobre los esfuerzos de sus familias para lograr su liberación.
Aunque pasaron por momentos extremadamente difíciles, las soldados nunca perdieron la esperanza. En las primeras semanas de cautiverio, aún con las restricciones impuestas, lograron mantenerse conectadas emocionalmente y apoyarse mutuamente. La experiencia les permitió aprender algunas palabras en árabe, y hasta bromearon con los soldados israelíes durante el proceso de liberación, mostrando su actitud positiva y resistente.
Una fuente médica que participó en la recepción de las jóvenes tras su liberación destacó su impresionante resistencia. A pesar de los intentos de Hamás de darles drogas para que parecieran más alegres durante la liberación, la fuerza de las soldados no se puede explicar solo por esos medios. “La resistencia que demostraron no se puede explicar de esa manera”, comentó la fuente.
El relato de estas cuatro mujeres resalta la brutalidad de los captores y la determinación de las rehenes para mantenerse firmes a pesar de las dificultades extremas. Las soldados de las FDI, al regresar a Israel, no solo demostraron su valentía frente a sus captores, sino también su unidad y fuerza interior ante la adversidad.


