El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha reportado que, en los últimos diez días en la capital haitiana, al menos diez niños y niñas han muerto como consecuencia de ataques violentos de pandillas.
En uno de los episodios más graves, un ataque con dron en el barrio de Simon Pelé cobró la vida de al menos seis menores y varios adultos en una sola noche, informó la organización. Entre las víctimas figura una niña de cuatro años, que falleció mientras jugaba frente a su casa; otros menores resultaron heridos.
El 11 de septiembre, UNICEF documentó la muerte de otros cuatro niños dentro de sus hogares, durante un ataque perpetrado por grupos armados, lo que agrava la sensación de inseguridad.
Geeta Narayan, representante de UNICEF en Haití, ha manifestado que estos hechos demuestran que “la infancia en Haití está atrapada en ciclos implacables de violencia”.
El organismo recuerda que el Derecho Internacional establece de forma clara que los niños deben estar protegidos y no ser blanco de agresiones. Las familias, según se informa, han quedado devastadas: los ataques rompen no solo vidas, sino también el tejido social y la posibilidad de una vida tranquila para los menores.
Los niños afectados ya no tienen garantizado un derecho básico: crecer sin temor, jugar, aprender y vivir en paz.
En lo político, Haití vive un contexto marcado por la falta de estabilidad. A inicios de 2024, una ola de violencia desencadenó la dimisión del primer ministro Ariel Henry.
Desde entonces se instaló un Consejo Presidencial de Transición que, entre otras funciones, debe organizar elecciones en una nación que no celebra comicios libres desde hace una década.
Un contingente internacional bajo liderazgo keniano llegó con la misión de pacificar, pero hasta ahora los informes de UNICEF apuntan a que estos esfuerzos no han logrado detener el avance de las pandillas.


